¿Eres víctima de la pornovenganza?

Desde el auge del internet y sobre todo de los celulares inteligentes, ha aumentado una forma de relacionarse en pareja o fuera de ella. Esta forma de relación se llama sexting, pero hay que ser cuidadosos porque tiene sus complicaciones, la más grave es conocida como pornovenganza.

El sexting es la práctica de compartir con nuestra pareja, o con quien estemos tratando de ligar, mensajes de texto, imágenes y videos con contenido erótico o sexual. De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad Drexler, esta práctica tiene algunos beneficios como tener mejor sexo y aumentar la satisfacción sexual de la pareja.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el sexting es considerada una práctica sexual de riesgo. Muchas veces podrías pensar que una práctica sexual arriesgada es tener sexo sin protección, por ejemplo, porque el riesgo se percibe como evidente. Pero el sexting puede implicar muchos riesgos asociados que afectan la vida de la persona, siendo el caso más frecuente de daño la difusión no autorizada de esos contenidos.

Se han realizado varios estudios respecto al sexting, donde se han podido comprobar dos cosas: la primera, que el sexting constituye una nueva forma de cortejo y la segunda, que las parejas con este tipo de práctica son más felices y tienen mejor sexo.

En cuanto a lo primero, hay que decir que no se trata de sexting explícito, por ejemplo, enviar un video masturbándote no es una forma de cortejo, contrario a las fotos sugerentes que son más frecuentes, incluso en redes sociales. A medida que la relación se va estrechando, aumenta el tono de las fotografías y se empiezan a enviar por medios más privados, como whatsapp. En cuanto a lo segundo, hay que decir que la práctica del sexting mejor la relación de pareja, tanto a nivel sexual como emocional.

La pornovenganza es la difusión de contenidos sexuales de una persona con el único objetivo de causarle daño, teniendo como motivación la venganza, los celos o la envidia, aunque generalmente es lo primero y suele darse al haber una ruptura en la pareja.

Existen muchos casos de este tipo, incluso de personas famosas, como actrices, cantantes y políticos. Se ha visto que cada vez son más frecuentes entre los jóvenes, así que conviene ser precavido y no practicarlo, aunque le tengas plena confianza con la otra persona, pues, aunque creas que lo conoces al cien por ciento y te trate muy bien, no sabes cómo puede reaccionar si terminas la relación.

La mejor forma de protegerse de la pornovenganza es tratar el sexting como cualquier otra práctica sexual arriesgada y limitarse a practicarla con la persona con la cual tenemos plena confianza. Aun así, esta práctica no está libre de peligros y desde un punto de vista más pragmático, una buena forma de protegerse de la pornovenganza es no compartir contenido explícito si no se recibe a cambio otro contenido del mismo tipo. De esta forma, la persona que está pensando en vengarse difundiendo este contenido, lo piensa dos veces porque sabe que la otra persona tiene contenido y puede hacer lo mismo, aunque esto tiene ciertas limitaciones porque la pornovenganza afecta más a las chicas que a los chicos.

La pornovenganza no solo puede venir de la pareja, sino de alguna persona que tenga acceso a la información, algún amigo que acceda al contenido del teléfono o a cualquier persona que tenga la posibilidad de entrar a algún servidor, a la nube, etc., como ha sucedido con Kim Kardashian o Jennifer Lawrence.



La pornovenganza parece ser un mal cada vez más frecuente en estos tiempos en que todos vivimos hiperconectados. Son muchos los hombres y las mujeres que buscan ocasionar daño a otra persona publicando en la web o con sus conocidos, sin consentimiento de la otra persona por supuesto, fotos o videos de contenido sexual de alguien con quien se tuvo una relación íntima. Ser víctima de esta difusión no consentida de material privado suele generar un gran daño psicológico para la imagen de una persona, además de provocar un impacto social negativo en su entorno, con sus amigos, con sus compañeros de oficina, con su jefe, etc.

El problema con este comportamiento es que, a pesar de ser considerado un delito, existen muchos vacíos legales que dejan a las víctimas solas en su defensa, pues si deciden denunciarlo, la legislación no es muy clara y la investigación judicial no sigue su proceso.

Si estás siendo víctima de la pornovenganza, te mostramos algunas cosas para tomar en cuenta:

– Una cosa es el registro y otra la difusión. El hecho de que hayas acordado grabarte o tomarte fotografías, no habilita a la otra persona a compartirlo en Internet. Por lo que, si lo hace, no dudes en tomar las acciones necesarias para defender tus derechos. Consulta con un abogado la mejor manera de llevar el proceso. Actualmente existe la policía cibernética y ellos pueden saber desde dónde se está mandando la información y encontrar las pruebas suficientes para castigar al culpable.

– Si el acoso se dio a través de una red social, hay maneras de denunciarlo con los administradores, para que las publicaciones sean retiradas y dejen de seguir circulando.

– Es una forma de violencia. Dar a conocer públicamente la intimidad de alguien sin su previa autorización se considera violencia sexual, psicológica y de género. Aunque se trate de un hacker o de una ex pareja, es importante detener las acciones de esta persona, pues una denuncia no solo repara al involucrado, sino que previene el daño a futuras víctimas.

Debes considerar que nadie está exento de ser víctima del acoso digital, porque, aunque no hayas participado nunca en ninguna práctica como grabar un video o tomar fotografías con contenido sexual, existen softwares con los que algunas personas se encargan de hacer adaptaciones con tu fotografía y causarte daño.

Hay que tener cuidado con la llamada sex-torsión que puede presentarse tanto con hackers, como con personas que hayan formado parte de tu vida. Este chantaje suele presentarse como la exigencia de dinero a cambio de la no publicación del material en la web, aunque también puede incluir favores sexuales. Evidentemente tu prioridad es que el material no se difunda, pero no cedas ante este tipo de presiones.

No naturalices lo ocurrido. La mayoría de las víctimas de esta actividad manifiestan haber tenido graves complicaciones psicológicas, ansiedad, estrés e inclusive problemas laborales. No dudes en pedir ayuda profesional.