Me equivoqué!! ¿Y ahora qué hago?

Te has preguntado, ¿por qué hay personas que les fascinan los retos y otras que prefieren evitar cualquier desafío para no equivocarse? Carol Dweck, psicóloga de la Universidad de Stanford, dio la respuesta con una clasificación muy sencilla. Todos podemos tener dos tipos de mentalidades: una orientada al crecimiento y otra fija que permanece adaptada a los cambios que diariamente se mantienen.

Cometer errores es de lo más habitual y normal, todos los cometemos, pero dependiendo cómo actuemos ante ese error, creceremos y aprenderemos o nos quedaremos estancados. Hay dos maneras de actuar ante un fallo cometido:
Las personas con actitud y aptitud de crecimiento piensan que el éxito depende del esfuerzo que cada día le pones al trabajo o de sudar la camiseta mientras haces ejercicios. Sin embargo, las personas con mentalidad fija creen que depende de habilidades innatas y tienen estrés generalizado ante cualquier error que consideren cometer. Son más fuertes en la autocrítica.

Tal vez si no se ha nacido con dichos dones, ¿para qué intentarlo?, es lo que se plantean las personas de mentalidad fija. Curiosamente, el hecho de decantarnos por una o por otra no depende de cuestiones genéticas, sino de educación, como demostró en sus estudios Dweck mientras trabajaba con alumnos de once años y después de que hicieran un trabajo difícil.

A aquellos a los que les reconoció que su éxito dependía de su esfuerzo, se atrevían después con otro desafío aún más difícil. Total, si me equivoco, no importa, son frases con las que se identifica a quienes buscan crecer con experiencia y motivación para hacer cosas diferentes y salir de su zona de confort. Sin embargo, en esto estudios donde a los niños que se les dijo que lo habían conseguido porque eran muy listos o muy inteligentes, cuando el reto iba en aumento, preferían no intentarlo.

No hay ser humano perfecto que nazca con todo el aprendizaje.

La verdad es que este resultado es muy desconcertante. Siempre se ha dicho que es bueno reforzar la autoestima de nuestros hijos con el verbo “ser”, ser muy buen chico, muy listo… Sin embargo, como ha comprobado Dweck, durante sus estudios con la técnica corremos el riesgo de reforzar también la mentalidad fija. Cuando esto ocurre, no se encaja el error y se evita cualquier desafío que nos haga salirnos de nuestra zona de aprendizaje, como también ha comprobado la neurociencia.

Sobre esto, científicos han descubierto qué nos ocurre en nuestro cerebro cuando nos enfrentamos a una equivocación. Dependiendo de si nuestra mentalidad es de aprendizaje o fija, la actividad neuronal ante un error será más activa o menos. En otras palabras, cuando pensamos que podemos aprender, si nos equivocamos, se despierta un intenso baile neuronal para identificar causas, patrones o aprendizajes que nos sirvan para un futuro

El error planificado

Parece cosa de magia, pero no lo es. El fenómeno sólo revela que el mecanismo de control de errores que posee el cerebro no sólo detecta los errores que efectivamente se producen, sino también los errores que va a cometer, es decir, lo que produce ya en la etapa de planificación de la próxima acción.

Mecanismos similares han descubierto los investigadores en otro tipo de faltas, por ejemplo en la percepción de errores en series de movimientos. Y ya hace tiempo que los científicos saben que el cerebro comienza a planificar una acción antes de que pensemos conscientemente en llevarla a cabo.

La mentalidad de crecimiento nos permite encajar mejor los errores

¿Qué podemos hacer? Lo más importante es revisar la educación. Comencemos a valorar el esfuerzo y no solo las habilidades innatas. Si queremos que nuestros hijos se enfrenten con seguridad a los desafíos, es mejor que vivan el error de una manera constructiva y no evitándolo a toda costa. Por ello, tengamos cuidado con los reconocimientos que hacemos e incluyamos también el concepto de trabajo y no solo el ser un niño o niña muy lista o inteligente.

Las cinco formas para sobrellevar un error

Ponte en un lado más humano, por lo tanto los demás podrán verte de forma humilde y sincera y atraeremos eso hacia nuestra vida.

Aprende a conocer tus virtudes para lograr la aceptación personal que es imprescindible para conocer tanto lo bueno como los defectos.

Vive una vida más sincera contigo mismo pues eso se traduce en seguridad y bienestar. La felicidad estará más próxima puesto que ya no será necesaria la perfección en nuestra vida. Errar es algo normal y no significa fracaso sino aprendizaje.

Toma buenas herramientas para superar adversidades en la vida, ya que, cada error que cometamos se puede aceptar y superar.

Errar no es algo tan negativo, significa que se ha tenido el valor de arriesgar, de vivir nuevas experiencias. Si somos capaces de reconocer lo que nos sale mal, seremos más libres.

Lo que opine la gente sobre nuestra vida no es relevante, si escondemos ese lado humano e imperfecto de cada uno, en el fondo nos dañaremos a nosotros mismos. Si nos damos la libertad de equivocarnos, aprenderemos a ser flexibles y tolerantes con nosotros mismos y esas herramientas nos ayudarán a abrir nuevas puertas y crecer.

Si un barco siempre navega por lo conocido y seguro, no surgirán problemas pero tampoco habrá oportunidades de vivir nuevas experiencias y ver nuevos paisajes. Cuando queremos dar la imagen de perfección y no reconocemos las cosas que hacemos mal, nos situamos en una posición que nos perjudica, porque actuamos como un jefe de empresa que siempre tiene razón, que nunca falla y cuando algo sale mal desplaza la culpa hacia el exterior.

Además aunque nos aconsejen, se suele aprender más de las experiencias propias vividas. Las personas que afirman no haber cometido errores, probablemente es que no han arriesgado mucho y se han mantenido en su zona cómoda o conocida.


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