Enfermo de cáncer nos enseña cómo vivir sin arrepentimientos

Cuando la vida nos lleva a atravesar situaciones límites como una grave enfermedad, correr todos los riesgos nos deja una importante lección que jamás olvidaremos.
Es difícil imaginar qué pasaría si descubres de pronto que está creciendo dentro de tu cuerpo algo extraño, dañino, que te irá consumiendo lentamente: las energías, la salud, la vida.

Hay que gente que decide aislarse, desapegarse de sus seres queridos y llevar una vida ermitaña mientras llega el momento final. Otras personas prefieren, sin embargo, refugiarse en la familia, en los amigos, en las personas que aman, en fin, buscan alimentar ese sostén todos los días y no perderse en los motivos sin importancia, por el contrario, ven el lado opuesto de la vida, ese que a diario no somos capaces de apreciar.
Este es un momento en que muy pocas cosas importan, solo aquellas que realmente nos dan vida.

Un diagnóstico de cáncer adquiere en la mente una particularidad por ser irreversible. Sabes que por más que lo pienses y lo analices, la única opción es la cirugía.
Para quien padeció esta terrible enfermedad, la vida es como volver del mismo infierno. Todas las quejas de la gente a su alrededor les parecen inútiles sin fundamentos. La gente se queja por todo, por el clima, la política, su situación sentimental, laboral. Y los que pudieron vivir para contarlo sienten la imperiosa necesidad de gritarles ¡Están con vida! Y cuánta razón tienen.

Primera lección: la Fe

La placidez y la fe pueden otorgarte una fuerza inimaginable. Al contrario, todo lo que implique angustia agobia. Muchas veces la imagen de lucha y de pelea no es, para algunos enfermos, la mejor opción, quizás pueden ver su situación simplemente, desde el lugar de la Fe. Desde esta posición de las cosas, se desprende una calma emocional de la que emerge una inmensa fortaleza. Importante alternativa para sanar la herida que la enfermedad deja en el alma. Lo cierto es que la desesperanza solo lleva a una depresión y debilita más el cuerpo y la mente del que ya está débil.

Segunda lección: Seres Queridos


Parece increíble que las personas a las que amamos tanto y cuyo afecto es recíproco se vuelvan tan importantes en estas circunstancias de la vida. Es inmensamente valioso que alguien viaje 20 horas solo para darnos un abrazo, que te preparen tu comida favorita, que intenten hacerte reír de cualquier modo. No tiene precio la fuerza que nos brinda el amor.

 

Tercera lección: Compañía

Esta premisa enseña que no deberíamos tener que retirarnos a morir aislados. Sería terrible y de alguna forma muy agotador tener que vivir cada día como si fuera el último.
Sin embargo, la táctica de rodearse de los afectos y hacer todos los tratamientos que recomienden los médicos, dentro de la coraza de afecto de quienes nos aman y dan todo de sí por nosotros, mientras nos apoyamos en la Fe como principal eje de nuestra fortaleza espiritual, es aprender a vivir sin entregarse.
No hay que olvidar preocuparse por las cosas que tienen importancia real en la vida, lo demás sobra.

Curiosamente, estas tres lecciones son en concreto lo que debemos hacer el resto de la vida y en cualquier circunstancia, aunque no se padezca una terrible enfermedad como el cáncer. Simplemente, así viviríamos mejor.

Fuente: Lecciones de viva de un enfermo de cáncer


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