El “ya no confío en ti” puede doler, más a quien lo dice, que a quien lo escucha

El engaño, la traición, dos caras de una misma moneda que abren una gran grieta en el alma de quien resulta engañado. Quien engaña tampoco sale ileso de esta situación, pues los sentimientos encontrados se conjugan en una combinación explosiva que acaba afectando a ambas partes. Pero el engaño no es lo que duele, lo que nos afecta profundamente es que esa persona en quien confiábamos nos decepcione y rompa ese pacto de confianza. La persona que engaña se enfrenta al riesgo de asumir que su engaño afecta directamente a la relación con la persona engañada. ¿A quién duele más el “ya no confío en ti”?

Una pregunta paradójica

Pocas cosas duelen tanto al ser humano, como perder la confianza en alguien por quien hubiesen puesto las manos en el fuego. La decepción es una grieta, una ruptura profunda de ese sentimiento de afecto que generó la confianza. Sentirse engañado por alguien que se suponía que contaba con toda nuestra confianza, quiebra muchas cosas que hacen a la relación entre esas dos personas. Quien pronuncia la frase “ya no confío en ti” es quien sintió la quemazón en carne viva de la confianza destruida.

La persona que engaña no está obligada a hacerlo, no es forzada a mentir, quizás mentir resultaba el camino más fácil y las alternativas al engaño podrían ser más incómodas, pero siempre tendrán el valor agregado de la franqueza, aunque sea dura, será la decisión correcta.

El problema es que la capacidad de asumir algunas responsabilidades, de enfrentar los problemas con madurez y responder con la sinceridad en las manos, no es la reacción más común ni la más inmediata. Mentir con tal de evitar enojos o asumir culpas parece ser el camino más fácil para salir de ciertas situaciones.

El egoísmo suele jugar un papel importante cuando la mentira es la opción elegida. Sucede que no todas las personas, aunque amen, llevan esa personalidad que no se siente capaz de pensar en la felicidad del otro, solo piensan en lo que pasaría con ellos mismos, solo miden con la perspectiva de su propio beneficio, pero no piensan en las personas a las que pueden afectar con sus engaños, con su traición. Por lo general, las personas afectadas por la traición son las que más profundamente aman a esa persona que decidió tomar el camino más corto, el de la mentira.

Una persona que tiene una alta autoestima, que es capaz de darse el valor que de verdad tiene, que se aprecia y cuida de su propia integridad, no es precisamente del tipo de personas con características de alguien que necesite mentir, pues ese amor propio le otorga la seguridad suficiente como para poder enfrentar con madurez y entereza cualquier tormenta, por más difícil que sea y por más doloroso que sea llegar con la verdad en la palma de la mano.


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