¿El sexo como método de reconciliación?

Muchas parejas creen que una discusión puede ‘arreglarse’ con el encuentro sexual. Ambos piensan que esa sensación de placer físico reparará las cosas que se han dicho. ¿Es así? Aquí un experto derriba esta idea como método de reencuentro.

Las emociones a flor de piel: a veces, entre ellas, el enojo se ata a los gritos y luego sobreviene el frenesí pasional más intenso, la atracción física, que lleva a un encuentro íntimo. Así de estrepitosa y visceral puede terminar, para muchos, una discusión de pareja. Sin embargo, y en problemáticas de fondo, el encuentro sexual no es suficiente para cuidar al vínculo.

En este tipo de situaciones no hay reglas óptimas acerca de si el diálogo deber sentar bandera antes o después del encuentro íntimo. Algo es seguro, y es que el vínculo se trabaja desmenuzando aquello que como problemática importa e influye en la pareja, teniendo a la comunicación pre o post-coito, como la punta de lanza para seguir construyendo.

Cuando el grito le gana a la palabra


Sólo toma minutos, pero el punto de efervescencia de una discusión puede llegar a lugares inesperados cuando la razón desaparece. De ahí a la pasión sexual, puede haber un sólo paso.

Según explicó el psicólogo y sexólogo Germán Gregorio Morassutti “cuando en una pareja hay discusiones entre ambos, en realidad lo que actúa y se activa es la ‘noradrenadina’. La misma tiene que ver con un estado del cuerpo de ponerse en defensa y en lucha, algo tan característico del ser humano cuando se posiciona en la necesidad de defenderse, poniéndose a la defensiva”.

Si vamos al punto de vista biológico se trata de una hormona del sistema nervioso central y periférico que aumenta la presión arterial y el ritmo cardíaco, y que actúa como neurotransmisor.

“Generalmente cuando las parejas entran en discusiones, no suelen resolver en ese momento el conflicto que los aqueja, ya que lo que interfiere en ese instante es el lóbulo frontal, entonces se inhibe toda capacidad de pensar, razonar y de poder resolver la situación. Lo que se observa en la mayoría de las duplas es un aspecto de ‘lucha y ataque’.

Entonces muchas veces ese nivel altísimo de tensión al que se puede llegar por la pelea tiene que bajarse de alguna manera. ¿Qué hacen muchos? Lo resuelven despejándose ya sea yéndose a caminar o realizando alguna otra actividad distractiva para distenderse y bajar un poco de tensión corporal acumulada”, fundamentó el profesional.

– ¿Es el encuentro sexual una de las alternativas para aliviar esa instancia de tensión?


– Hay que comprender que físicamente, y en ese momento, hay más circulación sanguínea y por ende la presión aumenta y la musculatura se tensa. Entonces la persona fisiológicamente necesita bajar sus revoluciones para poder resolver el problema. Es allí cuando muchas parejas acuden al encuentro sexual.

Luego de este contacto los sujetos tienen un nivel de relajación y bienestar devenido a través de la serotonina y las endorfinas. Si bien las parejas pueden pasar de la pelea al encuentro sexual, generándose una disminución en la tensión, esto no significa que se haya resuelto el problema. El punto de conflicto debe tratarse luego cuando se han logrado bajar revoluciones y se puede razonar y pensar.

– ¿Qué sucede cuando todo problema se resuelve por medio del sexo?

– No es problemático que siempre una discusión termine así, lo conflictivo es que después del encuentro sexual la pareja no se comunique, ni trate de resolver el problema que generó la discusión. En algunas de ellas hay temas de confrontación que no son resueltos, o que no quieren resolverse, y entonces se va tendiendo a buscar una excusa para discutir. He visto parejas con focos de conflicto que llevan 15 años sin resolver. Si el problema no se superó en tanto tiempo, lo más probable es que haya que dejarlo sin resolver.

– ¿Se puede hacer eso sin que pase factura el vínculo?


– Hay temas que ni siquiera necesitan resolución. Hay que internalizar que hay diferencias en la pareja, o de punto de vista, que no necesariamente necesitan llegar a un acuerdo. En este punto se trabaja mucho el tema de “tolerar” lo que el otro piense de manera diferente, y aprender a convivir con eso. No vivimos con un clon, sino con una persona diferente a nosotros.

– ¿Cuáles son los temas recurrentes de conflicto?

– Cuando uno resume los problemas por los que se pelea una pareja hay dos aspectos fundamentales que nuclean la mayoría de las discusiones: quién tiene la razón, quién maneja el dinero, o por problemas de dinero.
La mayoría de las discusiones de larga data a veces se emparentan con la confrontación de ver quién tiene la razón sobre algo y quién gana esa discusión.
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Lo que uno plantea desde la primera sesión en consultorio es decirle a ambos que “la razón en sí, como razón, no existe”, ya que cada uno puede tener la suya propia y lo que tiene que lograrse es un acuerdo entre la razón de cada quien, o respetar la razón de cada uno. El tema de tratar de “imponerle” al otro es complejo.

– ¿Hay algunos tips previos o post a la reconciliación sexual, para la comunicación?

– Hay algunos que que son importantes de remarcar. Por ejemplo: cuando la pareja se pone a resolver sus problemas, ninguno tiene por qué decirle al otro qué es lo que tiene (o no) que hacer, ni qué es lo que tiene que cambiar. Se trata de reglas de comunicación.

Muchas veces los graves problemas radican en que las parejas no saben cómo comunicarse. Entonces no hay que decirle al otro qué es lo que tiene que cambiar o modificar o en qué se equivocó, sino que hay que hablar de uno mismo y de lo que uno “siente”, no de lo que uno “hace”, porque el otro ya sabe esto último. Por lo tanto cuando uno habla desde los propios sentimientos es muy raro que la otra persona vaya a atacar o a tener diferencias, ya que se habla de lo que sabe, que en realidad es lo que siente.

Por otro lado es importante no imponerle al otro las ideas propias, y no “prearmar” los discursos sino construirlos en la comunicación con la pareja. Muchos caen en el error de programar todo lo que le van a decir al la otra persona, entonces se transforman en monólogos y no en diálogos, por la simple razón que no se escucha a la pareja. Esto no construye algo nuevo. Por último hay que lograr escuchar el doble de lo que se habla.

La escucha activa, aunque se esté enojado, es fundamental. Lo que también les planteo ante las discusiones es no llegar a niveles muy altos en donde la polémica y el conflicto no suman al diálogo, y no resuelven nada. Es mejor cortar la discusión, tomar aire, que alguno de los integrantes se vaya de la escena y volver a hablar cuando se esté más calmado.

– ¿Resulta más complicado hablar luego de tener relaciones?

– Luego de un encuentro sexual satisfactorio, en general las personas se sienten relajadas y bien. Lo más probable es que existan un montón de aspectos que quizá antes fueron considerados un problema, pero que luego del encuentro toman un tenor de importancia diferente. Si en cambio el encuentro íntimo no fue satisfactorio o agradable lo más probable es que sume un problema más a la discusión de la pareja.

Lo importante (se haga antes o después) es buscar el momento adecuado para superar el conflicto a través del diálogo y la escucha. Cuando se pelea o se grita no es el mejor momento para desanudar un problema, ya que en nuestro cerebro la parte racional se inhibe por completo, y se pone en alerta.

Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/-el-sexo-como-metodo-de-reconciliacion


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