El rol de la familia en la vida de los niños.

Dar vida a un hijo es, sin lugar a dudas, el acto de amor más puro del que podemos disfrutar las mujeres al convertirnos en madres. No es un hecho aislado. Todo el entorno familiar inicia ese camino cargado de sorpresas que irá forjando el desarrollo de ese pequeño ser. ¿Por qué es tan importante la familia en la etapa inicial? Es en los primeros años de vida en que se cimenta la personalidad a partir de la afectividad en la estimulación del chico. La incidencia del entorno en la primera etapa tiene un protagonismo fundamental en relación a la emotividad y el carácter en proceso que será crucial en el adulto que pretenda ser.

La familia como artesana de la personalidad del niño

El seno familiar en el que crecemos y aprendemos a reconocer el mundo que nos rodea, es como el alfarero que moldea nuestra vida. Nos hace desde pequeños: nos inculca principios, ideas, un estilo de vida, el afecto que, en la medida justa, conforman la combinación perfecta que da forma a esa pieza de carne y hueso que apenas empieza a notarse.

Somos lo que aprendemos de los seres queridos que nos rodean, tomamos de la casa los ejemplos que vemos y escuchamos, lo que nos enseñan, pues los niños ven en la palabra de la familia, una verdad indiscutible, han desarrollado una confianza plena en las personas que aman y de las que reciben amor. Somos lo que vemos y oímos y cuando crecemos somos el resultado de la experiencia adquirida, lo que cargamos en las maletas mientras viajamos por la vida con esa fuente inagotable que es el hogar del que hemos salido.

La familia también es un derecho

Entendida como un derecho que le es legítimo a todo individuo, la familia es el eje primordial del crecimiento. Por lo tanto, la presencia familiar juega un papel preponderante para construir la personalidad con la cual el niño aprenderá a ser adulto, ese adulto capaz de trabajar a cabalidad para forjar su futuro.

“Crecer duele”, expresa un antiguo pero no menos cierto dicho popular que, refleja sin más una gran verdad. Nuestra infancia construye la persona que seremos mañana, pero algún día dejaremos el nido y echaremos a volar. Esa es la prueba de fuego para la que debemos estar preparados para enfrentar el mundo fuera de casa. La realidad será otra y es allí donde pondremos en práctica lo aprendido: tendremos que ser lo suficientemente fuertes para afrontar los problemas, superar los fracasos, soportar las pruebas, levantarnos si nos caemos, volver a empezar sin desmoronarnos. Aprender a resolver la vida que nos alcance depende de esa afectividad y esa base que nos brindó el vínculo familiar.

¿Qué es la familia?

Hablamos mucho de la importancia que tiene crecer con el sostén familiar, pero, ¿cómo podemos definir la familia? Los niños crecen en un universo que los sostiene, los educa y los protege, ese universo, ese marco en el cual se desarrollan, reciben amor, aprenden a ser y amar es la familia.

Concebimos la familia como el epicentro del desarrollo afectivo y emocional de toda persona. El niño encuentra la certeza de que está seguro en el mundo gracias a la contención que siente y percibe en el seno familiar. Es el primer contacto con la realidad y de ello depende esa visión de mundo que el pequeño puede hacerse. A partir de allí y a pesar de desplegar las alas hacia las búsquedas personales en el futuro, la familia habrá echado raíces profundas que seguirán alimentando lo que haya que vivir.

Si esta raíz de la que hablamos se encuentra disociada para el niño o no la tiene identificada, es probable que crezca con serios problemas en lo emocional, en el comportamiento, en la capacidad de rendimiento escolar y una serie de dificultades y frustraciones que arrastrará hasta la adultez como la inseguridad y la inmadurez.

La función de la familia

La fuente de ese amor fundamental para el ser humano proviene de la familia, desde ella se van plasmando los rasgos tanto emotivos como cognitivos, esto se da ante la flexibilidad con la que cuenta el cerebro durante los primeros años.

Tipos de familias

– Familia extensa

Cuando en la casa viven muchos familiares: tíos, abuelos, primos, no solamente los progenitores, se habla de una familia extensa. Esto significa que la formación del niño se encuentra a cargo de toda esa familia y no solo de su núcleo cercano.

– Familia de padres separados

Tras la separación de los padres, en estas circunstancias, la crianza de los hijos se divide entre ambos progenitores que no conviven bajo el mismo techo.

– Familia compuesta

Generalmente, en las familias separadas se da el caso de que los progenitores vuelven a formar otra familia con lo cual se conforma lo que se denomina una familia compuesta o ensamblada. Significa que existe una integración de ambas familias además de la posibilidad de la llegada de hijos de la pareja en ese seno familiar compuesto.

– Familia adoptiva

Cuando una pareja no tiene la posibilidad de concebir un hijo, adopta un niño que, aunque no exista el vínculo sanguíneo, la familia queda conformada asumiendo la pareja el rol de padres.

– Familia monoparental

Es aquella en que uno de los progenitores ha quedado a cargo con la absoluta responsabilidad sobre los hijos, ya sea por abandono, viudez, etc. Son circunstancias particulares por las cuales el padre o la madre asumen un rol único.

– Familia nuclear

Es la típica familia conformada por el núcleo familiar: padre, madre e hijos.

La familia es, en suma, el pilar fundamental en el proceso educativo y en el crecimiento de todo ser humano. Marca profundamente la capacidad afectiva, intelectual y la personalidad. Si bien el factor genético no deja de estar presente, la garantía del afecto que solo una familia puede ofrecer es lo que deja las huellas sobre las cuales se camina paso a paso por la vida hacia las búsquedas personales.


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