¿El karma realmente existe? Cómo comprender el alcance de nuestras acciones

Todo lo que das vuelve a ti, así como todo lo que has sembrado deberás recogerlo más tarde o más temprano. La hora de la siega siempre llega, jamás se puede huir del momento indicado en que la vida nos entrega los frutos o nos hace recoger la cizaña, una por una. Como un juego en el que todo vale, esa desenfrenada apuesta puede volverse en nuestra contra. La vida suele ser un gran laberinto sin salida que conduce al mismo punto de partida, ese del que vienes huyendo, pues nadie escapa a ese destino del cual fue su propio arquitecto. Esto es lo que se conoce con el nombre de Karma.

Tendemos a perder la memoria cuando hacemos daño, casi como un ejercicio de negación hacia eso que nos molesta y que tratamos de esconder bajo la alfombra. La vida entonces, se encarga de hacernos saber donde estuvimos y lo que hicimos, las facturas nunca quedan debajo de la mesa y sentimos con más fuerza el retorno bumerang de lo que hicimos mal, que la moneda de cambio por lo que hicimos bien. Sucede que nuestra memoria selectiva no siempre nota el fruto de la buena cosecha, retiene mejor el golpe de las cuentas pendientes de pago.

¿Cómo definimos la palabra Karma?

Karma significa “hacer” Pues bien, en términos generales el Karma se trata de aquello que toma todo lo que tiene que ver con nuestras acciones físicas, mentales y también verbales. Dicho de otra manera, todo lo que hacemos, nuestras acciones, van quedando a nuestro alrededor, como un aura que llevamos acuestas. Lo preciso es que ello no vuelve sobre nosotros como hechos concretos, sino esa aura o energía que nos va rodeando, ya sea de origen positivo o negativo. Eso es lo que repercute en nosotros y que a la larga es lo que sentimos en mayor o en menor medida.

No sabemos lo que se siente, hasta que lo sufrimos en la propia carne. Sucede con todo en la vida. Cuando lastimamos a alguien, cuando no asumimos las responsabilidades de nuestros actos con entereza, cuando vivimos sin parámetros, sin límites, pretendemos alcanzar nuestro objetivo a como dé lugar, sin importarnos si destruimos por el camino, si humillamos o si herimos.

Cuando vale todo para alcanzar nuestro propósito, después las consecuencias de nuestros actos vienen por si solas sobre nuestras cabezas. No importa el tiempo que pase, la vida regresa a ese punto de partida para cobramos todo lo que hicimos y solo allí, somos capaces de comprender el dolor que causamos.


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