El demonio de la envidia

La envidia es un sentimiento que se da cuando uno quiere algo que tiene otra persona. En cuanto a la emoción, ésta puede ser variada, incluyendo: tristeza, enfado, orgullo, abandono, etc. Es un sentimiento negativo, el cual generalmente puede llegar a ser destructivo en el sentido de que nos lleva a no poder apreciar lo que tenemos.

A continuación, mediante una historia, vamos a mostrar cómo se debería actuar ante ella, idealmente. Ya que sólo somos seres humanos, por ende, podemos ser vulnerables ante ella.

Un filósofo sabio tenía un joven discípulo, el cual llega a su casa a decirle:

– Maestro, escuché a un amigo que estuvo hablando de ti con maldad…

-¡Espera! – el filósofo sabiamente lo interrumpe -. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

-¿Las tres rejas? -preguntó su discípulo joven, sin saber de lo que hablaba el discípulo.

-Sí. La primera se relaciona con saber si es que el comentario que dirás es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿podría causar algún bien para alguien?

-No, en realidad no. De hecho, al contrario…

-¡Ah, vaya! La última reja es acerca de la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces… -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, es mejor que lo sepultemos en el olvido.

Podemos destacar a partir del relato expuesto, que las rejas de la verdad, de la bondad y de la necesidad, puede servirnos a la hora de juzgar si es que deberíamos decir nuestro punto de vista sobre algo. Esto nos puede ayudar a mantener relaciones humanas más sanas.

Para todos es difícil utilizar estos tres principios. Sin embargo, a continuación queremos referirnos a las personas que son realmente incapaces de contener sus deseos de crítica y de re crítica. Muchas veces lo que hay detrás de este tipo de comportamiento es la envidia.

El poder destructivo de la envidia

El poder negativo que puede tener la envidia es comparable a un virus letal. Puede destruir relaciones, anular sensaciones y causar emociones muy desagradables, entre otros.

Puede ser concretamente peligrosa debido a que todos podemos ser vulnerables de caer en la envidia. De hecho, está tan extendida por el planeta, que se puede empezar a decir que está al nivel de ser una pandemia. Al respecto, tenemos que intentar ser más de lo que somos, y esforzarnos por vivir las situaciones, en donde vemos que otros tienen más que nosotros, como lo que realmente es. Un momento de la vida, en donde a otro le va mejor o es más que nosotros. Si es que a través de la envidia podemos ver algo que realmente queremos, siempre podemos esforzarnos por tenerlo nosotros también. Siempre y cuándo nosotros lo queramos realmente y no sólo lo queramos, porque otro lo tiene.

Detrás de la envidia, se encuentra la falta de autoestima y de amor propio. Dos sentimientos que son bien intensos y que se pueden hacer más presentes en nuestra vida cuando sentimos que un par, tiene algo que deseamos o consideramos que les va mejor en la vida. Lo cual nos predispone a compararnos y a sentirnos en desventaja.

A pesar de que todos sabemos que las comparaciones son injustas, ya que tendemos a compararnos en relación a lo que sabemos de otros, sin tener en cuenta la verdadera situación de la persona. Por otro lado, éstas nos permiten observar nuestras frustraciones más internas en modo de lupa, es decir, aumentadas.

En otras palabras, hay cosas que podemos querer con mucha fuerza, tanta, que es un deseo que puede destruirnos y puede que esto no nos deje prestar atención a las virtudes que tenemos.

Dentro de las consecuencias más intensas que tiene la envidia, es el condenar de mala manera el talento natural y el éxito ajeno. Siempre es más fácil el canalizar la frustración, a través de enjuiciar al otro y criticarlo. En lugar de poder reconocer que nos gustaría que cierta parte de nuestra realidad fuera distinta. Por ende, nuestra envidia tiene que ver con nuestra inconformidad ante nuestras circunstancias, más que con la vida que lleva la otra persona.

Desde el punto de vista de la persona envidiada

Es más común que se hable de la envidia del envidioso, que cómo ésta influye al envidiado. Dentro de las consecuencias que puede tener para los envidiados son que puede alejarlos de la realidad y hacer que sientan una profunda desconfianza en sus relaciones con otros. Por ejemplo, pueden llegar a tener grandes confusiones con respecto a no saber en quién confiar, a veces, no pueden distinguir entre sus amigos y sus enemigos. También pueden entrar en etapas de duda con respecto a si se merecen o no el éxito que han logrado. Esto puede contribuir a que un sentimiento bueno, como el del éxito, se convierta en una fuente de inseguridad.

Enfrentarse a la envidia


Aunque es más realista pensar que no se puede erradicar la envidia, no por eso, vamos a dejar que se expanda libremente. Para impedir esto, podemos tratar de atenuarla, utilizando los filtros que acabamos de conocer (la verdad, la bondad y la necesidad).

También tenemos que trabajar en saber lo que realmente queremos y a partir de ahí, poder conectarnos con un sentimiento propio de amor e identidad, en donde podamos generar una vida interior rica, con la cual estemos tan conformes, que realmente podamos sentirnos contentos por el éxito que logran los demás.

Miguel de Unamuno dijo que la envidia es hambre espiritual, por ende, debemos satisfacerla y usarla como una orientación hacia lo que realmente queremos.

Continuando con la perspectiva del envidiado, el hecho de poder superar la envidia ajena requiere experiencia previa. Todos de antemano, podemos creer que hay acontecimientos en nuestra vida que pueden causar comparaciones, y que puede poner de manifiesto las pequeñeces de otros. Teniendo esto en cuenta, podemos mostrar a los demás todo lo que nos esforzamos por conseguir lo que tenemos, y ayudarlos a que obtenerlo también.

Finalmente, podemos concluir que así como la envidia nos puede destruir, la admiración nos puede ayudar a desarrollarnos.


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