“El Ciclo de la Violencia”: sus etapas y cómo combatirlas

Algo lastimosamente muy común en nuestra sociedad es la violencia crónica del cuál forman parte los ataques físicos y emocionales hacia los individuos en condiciones de vulnerabilidad. Por ellos es importante detectar a tiempo una relación tóxica y de ser posible brindar ayuda a las víctimas.

Las estadísticas muestran que son las mujeres las más vulnerables a este tipo de situaciones y las denuncias así lo demuestran. Siguen el escalafón los niños y adultos de la tercera edad que también son víctimas de este flagelo social. En la mayoría de los casos esto se da manera silenciosa, motivo por el cual se dificulta visualizar y ponerle fin al problema o por lo menos brindar ayuda a las víctimas.

La agresión física, sexual, verbal o psicológica es el método utilizado por los hombres (mujeres en menor caso) para mantener a sus víctimas sometidas mediante una relación de discriminación, desigualdad y poder sobre ellas. Estos hechos son perpetrados en la mayoría de los casos dentro del ámbito familiar y la misma se vuelve crónica cuando nadie interviene, cada vez se hace más difícil revertirla. La violencia es un tema de suma importancia en el cual los daños ocasionados son reales y afectan directamente a la salud de las víctimas, así como su desarrollo y su dignidad.

Etapas del “Ciclo de la violencia”

La constituyen tres etapas principalmente en donde las interacciones violentas entre víctima y victimario están vinculadas a un crecimiento gradual de la tensión en cuanto a las relaciones de poder establecidas. Durante este ciclo el relacionamiento se vuelve cada vez más tenso, hasta que explota y allí es cuando emerge la violencia física. El golpe ya es el resultado de la impotencia de la otra parte a la incapacidad de ejercer poder sobre el otro. Es un acto de impotencia más que una demostración de fuerza, ya que cuando no logra cumplir con sus expectativas, sucumbe y pierde el poder frente a ella.

 

Fase I: “De acumulación de tensión”

En esta fase se dan pequeños episodios que llevan a roces permanentes, suele ser eventos de agresión verbal, o pequeñas reacciones violentas que van en incremento constante y gradual. Esta fase suele durar años, por eso es importante buscar ayuda desde el principio. En ese caso se puede prevenir y evitar así llegar a la fase más aguda que es la del golpe.


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