Di “NO” a la rutina en tu pareja.

La rutina suele inmiscuirse en las parejas de una manera insidiosa.
Comienza como una sensación de que todo está bien, perfecto, pero con el tiempo, caemos en una relación sin estridencias, pero en que la monotonía y el aburrimiento son la tónica permanente.
Cuando el amor se convierte en rutina, alguien debe hacer algo para cambiar el rumbo.

Señales de alerta


Existe un signo muy claro de que la pareja se está ahogando en la rutina: el sentimiento de soledad, que surge aunque se está acompañado por la otra persona. Esta sensación de aislamiento emocional es el más fuerte indicio de la profunda desconexión que se producido con el otro miembro de la pareja.
Uno de los grandes errores de las parejas de mucho tiempo es que se tiende a pensar que todo está hecho, que nada puede pasar. De hecho, esto no es así y día a día relaciones de muchos años, incluso ya con hijos mayores, llegan a la disolución y una de las razones más comunes es la sensación de rutina y la infelicidad de uno de sus miembros, que calla la situación, a veces por muchos años.
Todo tiene un límite y es necesario atender a las señales de infelicidad en la pareja. Las relaciones de mucho tiempo son muy valiosas y es necesario luchar por ellas, día a día y en cada ocasión, porque las parejas no son estáticas y así como las personas se desarrollan y pueden cambiar, las parejas también lo hacen, para acompañar el devenir de sus integrantes.
Cómo romper la rutina

No dejes que el problema controle tu vida y tu relación. Si el amor se está convirtiendo en una rutina, actúa para evitarlo.

1 Si reconoces que existe un problema en la pareja, es necesario que entiendas que la solución atañe a los dos. Es algo muy simple: hacer que una relación funcione, es el trabajo de las dos personas implicadas. No intentes forzar la situación u obligar al otro a hacer lo que no quiere: si él no actúa para cambiar la situación y tú ya no eres feliz, debes preguntarte si quieres seguir en esa relación. Luchar tú sola por una pareja que no funciona, no es una opción valedera o que pueda llevarte a buen puerto.
2 “Tenemos que hablar”: cuando ves que la rutina se ha metido en tu relación, es imperativo que tengas una conversación honesta con tu pareja. No esperes a que él adivine lo que te está pasando, a que perciba lo que tú sientes, esa sensación de ahogo y encerramiento que suele acompañar a las situaciones rutinarias. Si te sientes incómoda, debes hablar claramente. Incluso, es posible que él sienta lo mismo, pero que no lo haya dicho por temor. El primer paso para cambiar estas situaciones, es explicitar lo que se siente.


3 Cambien la forma de comunicarse. Dejen de enredarse únicamente en los temas del día a día, en lo que hay que hacer en el hogar, en las cuentas y en los pagos, en los hijos. Dense un momento para abordar otros, como los proyectos e ilusiones de cada uno. Quizás un encuentro fuera del hogar sirva para hablar de este tipo de cosas.
4 “¿Qué te parece si hacemos esto?”: hablar del problema solo es el inicio. Ambos deben proponer soluciones al problema y comenzar a aplicarlas. Si solo hablan, pero no hacen nada, todo seguirá exactamente igual. Cada uno debe dar su parecer y poner lo mejor de sí para torcer el rumbo.
5 “Aquí no hay culpables”: una de las actitudes que suele impedir la solución de las cosas, es detenerse a señalar culpables o regodearse en la frustración que la situación genera.
Cuando nos limitamos a echar la culpa al otro, no estamos haciendo nada por solucionar lo que está pasando.


En este punto, es necesario saber si el problema es únicamente la rutina o encubre a otros más profundos y graves; encontrarlos puede llevar más tiempo. Si uno de los dos se siente infeliz en la relación, es imprescindible encontrar la causa, como el primer paso para solucionar eso. Las frases como “tú tienes la culpa”, “tú siempre…” o “lo que ocurre es que tú…” no aportan nada positivo a la situación.
5 Para vencer la inercia de la situación, es necesario “tomar el toro por las astas”, usar la imaginación para torcer el rumbo. Dense sorpresas, cambien los lugares a los que van, siempre hay maneras de cambiar lo que se hace normalmente, pero para ello es necesario dejar de poner excusas. Las frases como: “hoy no salimos porque…”, “mejor lo hacemos mañana”, “la próxima semana, sin falta”, indican que la rutina ha ganado la partida y ya es un tercero más en la relación.
6 Vuelve a escuchar a tu pareja: es bastante común que las parejas de mucho tiempo dejen de atenderse en sus necesidades y no se tengan en cuenta muchas cosas, porque quedan sumergidas por las obligaciones y los problema diarios. No pienses que tu pareja opinará igual sobre las mismas cosas, las personas cambian su forma de pensar de acuerdo a lo que van viviendo y por ello, la relación debe hacerse eco de ese cambio.
7 El amor y el buen trato son las bases de una relación saludable y feliz: si no existen, difícilmente se pueda establecer una comunicación efectiva. Si decimos algo desesperados o enojados, el otro podrá actuar por temor o por obligación, pero no porque esté convencido.


8 Los “silencios desconectados”: son uno de los grandes síntomas de la rutina que aniquila a la pareja. Cuando suman los silencios y decrece la conversación, puede llegar el día en que uno o los dos miembros de la pareja se pregunten por qué siguen juntos.
9 La frustración y el enfado: son sentimientos que suelen aparecer en estos casos. La mejor manera de enfrentarlos es intentando cambiar las cosas.
10 La baja autoestima y una sensación de tristeza: éstos suelen afectar a las personas cuyas parejas están en una situación de rutina, porque se sienten poco valorados por sus parejas. En muchos casos, no se puede describir qué ocurre exactamente, pero sí se sabe que algo no va bien porque la relación ha cambiado.


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