Despréndete de la ira y el odio para vivir mejor

Las relaciones no son perfectas, siempre hay desencuentros y desacuerdos.

Lo mismo ocurre en las relaciones de pareja y muchas veces, los problemas son tan grandes que llevan a un final.

Cuando este corte se debe a un fallo de uno de los miembros, pueden aflorar sentimientos negativos en quien resultó dañado, pudiendo aparecer la ira y hasta el odio.

Estos son sentimientos muy fuertes y que tienden a mantenerse en el tiempo. En muchos casos, funcionan como un “motor” vital y pasan a ser el centro de la existencia de la persona.

Sin embargo, puede tener profundas consecuencias indeseables para quien los padece.

Comprensible

Es lógico: él te falló, te sientes mal, tienes rabia, lo odias.

El engaño es un motivo muy frecuente de ruptura entre parejas. Al desencanto normal por la situación, se le suma un enojo y un encono particular hacia quien ha traicionado tu confianza.

Cuando sientes que te ha traicionado tu pareja, alguien en quien confiabas y con quien habías compartido momentos tan hermosos, es muy posible que la rabia y la ira se apoderen de ti.

Son momentos en que la razón queda completamente obnubilada y es más, se pone al al servicio de esos sentimientos negativos. Hay personas incluso que se resisten a seguir adelante, porque no están listos a dejar ese sufrimiento, por lo que quedan inmovilizadas en ese sentimiento.

De hecho, sienten que lo que han vivido es tan grande, que lo único que les queda es ese enorme pesar.

Se puede considerar hasta “ normal” sentir esos fuertes sentimientos si te han traicionado, pero cuando llegas al punto que llenan tu vida y te impiden seguir con tu vida, estás en un grave problema.

Hay muchas personas que, como tú, están en esa situación, que incluso les genera malestar, pero persisten en ella. La pregunta es: ¿por qué lo hacen?

Una “ganancia”

Estancarse en los sentimientos de ira y odio, que llevan en muchos casos a adoptar conductas más o menos pensadas de represalia y venganza, es una actitud bastante común. No es infrecuente ver en redes sociales ese tipo de “revanchas” que vienen desde el dolor y que los medios tecnológicos existentes permiten multiplicar en grado sumo. Los reclamos de todo tipo se suman y a cada respuesta, parece que se redobla el sentimiento.

Pueden intentarse varias explicaciones para esta forma de actuar, que puede producirse por un corto tiempo aunque en ocasiones, la persona queda en este estado por meses e incluso años.

Hay quienes utilizan el dolor y el sufrimiento como un refugio para poder victimizarse, haciendo esos sentimientos el centro de su vida y prácticamente lo único importante.

En muchas ocasiones, al permanecer en esa situación de enfado por mucho tiempo, se pasa a experimentar la necesidad de venganza. El razonamiento implícito es: “esa persona me ha hecho mucho daño, merece pagar por eso”.

En otras ocasiones, la persona se aferra a ese dolor y a esa sed de revancha. ¿Por qué esa persona que me ha defraudado sigue adelante y es feliz y yo no? ¿Cómo pudo reponerse luego de haberme dejado así?

Esta actitud es una forma de justificarse y estancarse en esa situación y desconoce algo fundamental: esa otra persona ya no tiene nada que ver en la vida del que se siente dañado y no debería ser importante.

En otras ocasiones, estos fuertes sentimientos funcionan como una forma de desconocer lo que verdaderamente se siente: un profundo dolor por la relación que se terminó, por ejemplo. Es mejor sentirse airado y con ganas de dañar, que sentirse dañado y admitir el dolor.

En otras ocasiones , la ira y el odio mantienen, de una extraña manera, la conexión y la relación entre “el dañado” y “el que dañó”. Habrás escuchado la expresión “entre el amor y el odio hay solo un paso”: esto es así porque el odio es la forma más intensa de fijar la atención hacia una persona… igual que el amor.

Los sentimientos de ira y odio también pueden funcionar como una forma de evitar la ansiedad. Más vale tener estos sentimientos que no tener nada, parece ser la consigna y así se impide la carga emocional de estar solo y comenzar algo nuevo y desconocido.

Qué hacer


Si estás en esta situación, de odiar a alguien porque te defraudó, es necesario que te detengas a pensar un momento.

Ponle punto final a esta situación que, como un lastre, te impide avanzar en otro rumbo. Esa persona ya es tu pasado y nada bueno sacarás quedándote fijada a él.

Si dejas de lado el odio, podrás alegrarte y ver la vida con otros ojos: no te estás sintiendo mal porque te defraudaron, sino porque te aferras a esa situación.

No niegues tus sentimientos, pero no permitas que ellos te inmovilicen.

Quizá no seas feliz porque inviertes demasiada energía en sentimientos que te hacen sentir cada vez peor. La rabia, la envidia, el enojo, te impiden ver todo lo que tenés a tu favor y disfrutar de ello.

No tomes ese momento como una fatalidad: es una oportunidad única de imprimir un rumbo nuevo a tu vida.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"