De la manera más dura, tuve que aprender que el alcohol no era mi mejor amigo

En mis tiempos de adolescencia, todo en la vida parecía ser más fácil. No tenía otra obligación que ser buena estudiante. No me preocupaba por mucho, mis padres siempre me dieron todo que llegaba a necesitar y me siento muy agradecida por eso. AL momento de entrar a la preparatoria, lo único que tenía como objetivo principal era estudiar y salir bien, nunca llegué a pensar que lo que iba a vivir en esa fase de mi vida, me marcaría por el resto de ella.

¡Ahora puedo decir con seguridad, que el alcohol no es mi mejor amigo y nunca lo será! De hecho no el mejor amigo de nadie, pero para que entiendas el porque te lo digo, te contaré un poco sobre lo que me pasó con el. Y no es nada parecido a como la mayoría lo presentan.


Todo se inició en una fiesta…..
Cuando se es joven todos creen que nada les pasará, y para serte sincera, yo también fui una de esas que pensaba lo mismo. Me sentía intocable. Yo juraba que todo lo podía y que nada ni nadie me podía hacer daño. Me encontraba en ese tiempo en el que creía que solo merecía diversión. En realidad estaba en todo mi derecho de pasarla bien, el detalle estaba en que no lo hacía de la mejor manera, ni era responsable. Desde que estaba en la secundaria comencé a asistir a algunas fiestas con mis amigos.

Al inicio solía ser algo tímida, pero después de que agarré un poco de confianza y asistí a unas cuantas fiestas más, ya iba a otras de los que eran primos de mis amigos o hasta de los vecinos de ellos. La vida loca se había apoderado de mí. La primera vez que iba a probar una bebida con alcohol, sentí mucho miedo. Nunca la había probado, ni sabía cómo se tomaba.

Algunos de los que en ese entonces consideraba que eran mis “amigos”, me convencieron de que la tomara, y como ingenua al fin lo bebí, sin saber que sería mi fin.


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"