Cuidado con el síndrome de la mujer perfecta

Hoy en día, las mujeres nos enfrentamos a muchas situaciones que nos tienen viviendo al límite. Debemos ser buenas hijas, buenas madres, buenas amantes y buenas profesionales; ser eficientes, ser bellas y con buen cuerpo, ser siempre sonrientes y no tener tiempo para nada, más que para tener éxito en todos los ámbitos en los que nos movemos.

Todas estas situaciones son ‘síntomas’ de algo que podríamos llamar el ‘síndrome de la mujer perfecta’, donde el común denominador de todas las mujeres que lo padecen es querer ser reconocidas por lo que hacen. Generalmente, son mujeres que desde niñas aprendieron que su valor estaba en ser buenas estudiantes y tener buenas calificaciones, en ser buenas hijas y obedecer en todo, en hacer todo bien. No importaba el aspecto emocional y conforme crecieron, siguieron buscando esa mirada de los padres en los jefes y compañeros de trabajo, en convertirse en mujeres indispensables para su pareja y para sus hijos, a pesar de tener la sensación de que la vida es solo hacer multitareas y que no se tiene derecho a tirarse al sofá a ver una película o a leer un libro.

La vida se convierte en una carrera donde el objetivo es el éxito, donde lo que cuenta es resolver rápida y efectivamente los problemas (propios y ajenos), donde se vuelven expertas en detectar qué es lo que los demás esperan de ellas. Todo esto sin saber que, tarde o temprano, la vida les cobrará una factura que no saben cómo pagar, esto es, no saben quiénes son en realidad, qué quieren y cuáles son sus deseos personales. Pasan la vida proyectando una imagen de seguridad y de éxito ante los otros, que se olvidan de sus propios deseos.

Para cambiar esto, hay que detener esa carrera. Mientras estamos corriendo, somos incapaces de parar a mirarnos a nosotras mismas y seguimos con la inercia de la vida que nos va llevando hasta donde ni siquiera estamos seguras de querer estar. Aplica las siguientes recomendaciones:

  • Aprender a contactar. Vivir a mil por hora te lleva a evadir tus sentimientos. Piensa cuándo fue la última vez que te permitiste llorar. Darte cuenta que es de humanos tener miedo, sentirse triste, poder expresar el enojo, te ayudará a vivir con libertad.

    • Soltar el control. Confía en los demás y deja de controlarlos. Resulta muy cansado vivir intentando que a tu hijo le guste el futbol y a tu hija el ballet solo porque así te dijeron que debería ser. Deja que cada quien decida lo que quiere para su vida.


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