Cuida primero de tu autoestima para que se refleje en tus relaciones.

“Es sorprendente la cantidad de personas que van por la vida y nunca reconocen que sus sentimientos hacia otras personas están, en gran parte, determinados por sus sentimientos hacia ellos mismos. Si no te sientes a gusto contigo mismo, no puedes sentirte a gusto con otros”. Sidney J. Harris

Todos hemos oído hablar de la autoestima y a todos nos han dicho que debemos cuidarla, fortalecerla y aumentarla, pero pocas veces nos dicen cómo hacerlo y qué beneficios obtenemos al tener un alta autoestima.

Se suele decir que la autoestima es el modo en que nos vemos a nosotros mismos, en cómo evaluamos nuestro comportamiento, es el conjunto de sentimientos y pensamientos que tenemos sobre nuestra persona y que, sin lugar a dudas, se ve influenciado por lo que hemos recibido del entorno, de quienes nos rodean, por aquello que creemos que los demás piensan de nosotros, aunque no sea cierto.

Cuando interiorizamos lo que los demás piensan de nosotros, nuestra autoestima puede cambiar, porque lo creemos verdadero y a veces no nos detenemos a pensar de dónde surgieron esas ideas, si son nuestras o son de alguien más. Esto nos lleva a interpretar todo lo que los demás hacen, lo que dicen, sus gestos, sus palabras, su manera de demostrar el cariño, etc.

La autoestima abarca todo nuestro ser, por lo que determina nuestro actuar, tanto en lo privado como en lo público, nos conduce ante los demás, ante la pareja, ante el jefe, ante los padres y ante los amigos, incluso ante desconocidos.

La psicología humanista le otorga un papel fundamental a la autoestima, pues ésta se relaciona con todos los aspectos del yo, con nuestra personalidad, con nuestras decisiones, con el valor que nos otorgamos a nosotros mismos y con la manera en que manejamos nuestras relaciones.

La autoestima es la base de nuestras relaciones, de si es baja o alta depende el éxito o el fracaso de éstas. Empieza por responder las siguientes preguntas:

¿Estás insatisfecho con una parte importante de tus relaciones?

¿Reconoces y aceptas los problemas, conflictos, molestias o insatisfacción, que son parte de cualquier relación?

¿Hablas sobre ellos con las personas involucradas y buscan soluciones que beneficien a todos?

¿Estableces relaciones de cercanía e intimidad, porque no temes expresar tus sentimientos?

¿Reconoces y aceptas que cada persona es diferente, sin tratar de cambiarla, manipularla u obligarla a ser y pensar como tú?

¿Te gusta compartir tiempo, intereses y responsabilidades con tu pareja, familia o amigos, pero respetas su independencia?

¿La confianza, el compromiso y la lealtad, son elementos siempre presentes, en tus relaciones?

¿Compartes el dolor y disfrutas la alegría de las personas con las que tienes relaciones cercanas?

¿Cuando se da una ruptura o separación, la enfrentas con madurez?

¿Te quedas callado o guardas resentimiento, cuando crees que te trataron de manera injusta?

¿No expresas tus sentimientos o necesidades y tiendes a culpar al otro, de tu insatisfacción personal?

¿Creas o fomentas la dependencia económica, emocional y/o psicológica?

¿Te sientes importante y necesitado, cuando las personas con las que te relacionas tienen problemas?

¿Tu manera de relacionarte, depende de lo que crees que piensan los demás o de lo que va a decir la gente?

Si tus relaciones son buenas, probablemente respondiste que sí, a la mayoría de las primeras 8 preguntas y que no, al resto. Si no fue así, revisa tu autoestima y analiza cómo puede estar influyendo en tus relaciones.

Las relaciones de amor o amistad, se forman y mantienen por muchos motivos., los cuales pueden ser: el amor, el cariño, la satisfacción de necesidades (tales como evitar la soledad, tener sentido de pertenencia, seguridad económica), promover el crecimiento de cada miembro de la pareja.

Nuestro nivel de autoestima determina nuestras necesidades, expectativas, nuestras reacciones emocionales, nuestra capacidad para dar y recibir, nuestra disponibilidad para apoyar a los demás en momentos difíciles, nuestra capacidad para respetar a los demás; nuestro nivel de compromiso e intimidad.

Los siguientes consejos prácticos son fácilmente aplicables en nuestro día a día, y serán de gran utilidad para proteger nuestra autoestima frente al que, en general, es nuestro peor enemigo: nosotros mismos:

No te juzgues duramente. Todos cometemos errores. Todos podemos fracasar o equivocarnos en algunos ámbitos de la vida, lo cual no significa que vayas a fracasar en todo, por lo que debes analizar las fallas y obtener la lección.
Quiérete a ti mismo como te querría tu mejor amiga. Valora tus logros, analiza cómo lo lograste y cómo fuiste capaz de llegar a la meta. Aprender a reconocer el éxito del pasado es clave para garantizar éxito en el futuro.

No te sobrecargues. Si aceptas demasiadas responsabilidades acabarás quemándote.
Escucha a tu cuerpo. Él sabe lo que le pasa y lo que necesita. Duerme lo suficiente, come adecuadamente y ejercítate.
Relaciónate con gente que te aporta cosas, di adiós a las personas tóxicas.
Todos tenemos algo que nos diferencia del resto, algo que hacemos bien, algo en lo que somos buenos, algo que los demás no tienen, y necesitas identificar estos detalles, aunque parezcan insignificantes, esto es lo que te hace único. No te compares con los demás. Acéptate tal como eres y si hay algo que no te gusta, haz lo necesario para cambiarlo.

Para concluir, podemos decir que la autoestima no es algo que se venda ni se compre o algo que nos pueda regalar alguien más, es algo innato en el ser humano, sin embargo, es complicado de descubrir y de mejorar, porque implica evaluar cómo es la relación contigo mismo, cómo te sientes estando a solas, cómo te sientes en relación a tus proyectos de vida y relaciones de pareja.

No necesitas caerle bien a todos, con que te caigas bien a ti mismo basta, y eso te llevará a poder relacionarte mejor con los demás. Ese estado físico, emocional, espiritual e intelectual se reflejará en lo más profundo de tu ser y tu vibra aumentará, por lo que llegarán a tu vida las personas adecuadas.


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