¿Cuáles son los síntomas de la matriz caída?

¿En qué consiste?

El prolapso uterino o matriz caída es un desplazamiento de la matriz hacia abajo, es decir, desde su posición normal en la cavidad pélvica, al canal vaginal. El útero primero desciende hacia la vagina y, luego, puede salir totalmente al exterior, aunque no es frecuente que el proceso avance tanto. El prolapso uterino ocurre normalmente entre los 40 y los 60 años de edad, especialmente en mujeres que han tenido muchos hijos.

¿Por qué se produce?

Normalmente, el útero es sostenido por los tejidos conectivos de la pelvis y por músculos como el pubococcígeo, y se mantiene en su posición por medio de ligamentos especiales. El debilitamiento de estos tejidos permite que el útero caiga dentro del canal vaginal. La causa más común de debilidad muscular es el trauma que se sufre durante el parto, especialmente con niños grandes o con trabajos de parto y nacimientos difíciles.

Se cree también que la pérdida del tono muscular y la relajación de los músculos, que se asocian a la menopausia y a la disminución de los niveles de estrógenos, juegan un papel importante en el desarrollo del prolapso uterino.

Muy excepcionalmente la caída del útero también se puede producir por un tumor pélvico.

El prolapso uterino es más común en las mujeres que han tenido uno o más partos vaginales y en las de raza caucásica.

Otras condiciones que se asocian a un aumento en el riesgo de desarrollar problemas de los tejidos de soporte del útero son por ejemplo la obesidad y los procesos que cursan con tos, de forma prolongada. La obesidad ejerce tensión adicional en los músculos de soporte de la pelvis; de igual forma, la tos excesiva o prolongada, producida por enfermedades pulmonares, tales como la bronquitis crónica y el asma.

El estreñimiento crónico y el esfuerzo asociado con éste también pueden provocar debilidad en estos músculos.

¿Cómo se manifiesta?

Los síntomas más frecuentemente asociados son:

Sensación de pesadez o tracción en la pelvis.

Sensación de “estar sentada en una bola pequeña”.

Dolor de espalda bajo.

Protrusión desde la abertura vaginal (en casos que van de moderado a severo).

Relación sexual difícil o dolorosa (dispareunia).

¿Cómo se diagnostica?

Un examen pélvico (con la mujer haciendo esfuerzo) muestra la protrusión del cuello uterino en el tercio inferior de la vagina (prolapso de primer grado o leve), una protrusión a través del introito o abertura vaginal (prolapso de segundo grado o moderado) o protrusión de todo el útero a través del introito o abertura vaginal (prolapso de tercer grado o severo). Generalmente, estos signos van acompañados de una protrusión de la vejiga y de la pared anterior de la vagina (cistocele), o del recto y la pared posterior de la vagina (rectocele) en el espacio vaginal. En el caso de que un tumor sea la causa del prolapso, lo cual es poco común, se puede notar una masa en el examen físico

¿Cómo se trata?

 

Se puede utilizar un pesario vaginal (un objeto que se introduce en la vagina para colocar el útero en su lugar) como medida provisional o definitiva. Los pesarios vaginales vienen en muchas formas y tamaños y deben adaptarse en forma individualizada a cada mujer. Los pesarios vaginales son efectivos en muchas mujeres con prolapso uterino, sin embargo, dependiendo del tamaño del prolapso y de la relajación de la pared vaginal, pueden ser de poca o ninguna ayuda. Además de su uso limitado en el tratamiento, hay otras desventajas: los pesarios tienden a producir irritación y una secreción de olor anormal, por lo que la paciente requiere de una limpieza periódica que normalmente predispone a visitas frecuentes al médico. En algunas mujeres, los pesarios rozan e irritan la mucosa vaginal, e incluso, en ocasiones, la pueden desgastar y causar ulceraciones. Además, algunos pueden interferir con la relación sexual normal, limitando la profundidad de la penetración.

Si la mujer es obesa, se recomienda lograr y mantener un peso estable. Además, se debe evitar el esfuerzo y el levantamiento de objetos pesados.

Se debe retrasar la cirugía hasta que los síntomas sean tan significativos que pesen más que los riesgos. La realización de la cirugía depende de:

La edad y estado de salud general de la mujer

El deseo de embarazos futuros

La preservación de la función vaginal

El grado del prolapso

Las condiciones asociadas.

Se realiza histerectomía cuando es necesaria y, al mismo tiempo, se corrige quirúrgicamente cualquier debilidad de las paredes vaginales, la uretra, la vejiga o el recto.

¿Se puede prevenir?

Los ejercicios de Kegel prenatales y de postparto (contracción de los músculos del piso pélvico, como si se tratara de interrumpir la micción) ayudan a fortalecer los músculos y reducir el riesgo. La repercusión de la episiotomía y otras intervenciones obstétricas en el desarrollo posterior del prolapso uterino es poco clara. La terapia de reemplazo de estrógenos en mujeres postmenopáusicas ayuda a mantener el tono muscular.



Como podemos apreciar esta es una condición muy común en las mujeres de hoy día que se puede prevenir de diferentes formas, así que damas la recomendación es que estén muy atentas a cualquier de estos síntomas y sobre todo a reconocer los cambios que puede llegar a presentar su cuerpo, porque ahí es donde notamos cualquier situación anómala que se pueda prevenir y/o combatir a tiempo para que nuestras salud y sexualidad no se vean afectadas.


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