Consecuencias que sufre un niño cuando crece sin un padre, descubre como sanar sus heridas para que pueda ser feliz.

Cuando se habla de la familia se despierta en ocasiones ciertas heridas, desilusiones y pequeños rencores en algunas personas. Realmente, podríamos decir que una de las figuras más complejas y que se dan con mayor frecuencia es la del “padre ausente”, crecer con un padre ausente no significa necesariamente que el padre haya fallecido o que se haya dado a la fuga en algún momento de tu vida.

Un padre ausente es aquel que, aun estando físicamente, no ejerce todas las funciones que como padre podría ejercer para que sus hijos crezcan emocionalmente sanos.

Es muy posible que esta situación te sea conocida o que la hayas vivido en piel propia o incluso que la hayas observado en tu círculo social más cercano, donde, aunque el hombre sea económicamente responsable, los bienes materiales no sustituyen el cariño y el tiempo que debe dedicar a los pequeños.

Esto se ha convertido en algo común, pues en la actualidad está presente un fenómeno de relaciones fugaces; muchas parejas se unen, tienen uno o dos hijos y luego se separan al reconocer que su matrimonio no funciona como esperaban y ahí donde comienza el problema. Y no quiero decir que este tipo de vacío emocional sea característico en exclusiva de la figura paterna, también puede darse en la madre, aunque en el caso de estas es poco común.

Lo que se conoce como el síndrome del padre ausente consiste en percibir a nuestro padre emocionalmente distante e inaccesible y es algo que yo viví por experiencia propia, tuve una madre que fue padre al mismo tiempo, tenía contacto con mi padre, pero eso fue todo, un simple contacto.


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