¡Confirmado! A menor juego libre, más depresión y ansiedad infantil

Los juegos infantiles vistos como esa forma que tienen los pequeños de conocer el mundo, de relacionarse con otros niños, de aprender y de “aprender jugando”, necesitan de ese marco de libertad en el que sean ellos quienes decidan, qué jugar, con quién y cómo. Los psicólogos han prestado atención seriamente a la necesidad de que los juegos sean espontáneos ya que consideran que su declive incide en su salud mental con especial atención en la ansiedad y la depresión como factores de riesgo. Te contamos por qué.

Jugar parecería un detalle sin importancia, una actividad normal de todos los niños, pero en realidad, los juegos cumplen en sus vidas una importante función con una infinidad de beneficios para su desarrollo y crecimiento. Si lo que deseamos es tener niños felices, en gran medida dejarlos jugar libremente haremos una buena parte de esa faena. Sucede que si ellos eligen cuándo jugar, con quién, dónde, lo que desean jugar, aprenden nuevas habilidades, a compartir, a hacer acuerdos y negociaciones, pues deben entender que cada quien tiene su espacio, que no están solos y deben ajustarse a ciertas reglas para entenderse con los demás, como negociar los tiempos de juego, entender los límites, superar las frustraciones. Todo esto implica una enseñanza magistral que hará madurar al niño, crecer y desarrollarse con enseñanzas que le serán útiles toda la vida. Si no lo hacen pueden llegar a tener derivaciones psicológicas graves además de resultarle muy difícil enfrentar al mundo.

La estricta vigilancia y sus consecuencias

Es muy común ver a los padres controlando de cerca o a distancia los juegos de los niños para mediar e intervenir ante el primer conflicto sin permitir que sean ellos quienes resuelvan sus situaciones y aprendan de ello. Si no están con los padres, es con los profesores u otro adulto, pero siempre hay alguien que interviene en sus juegos. Esa falta de libertad no les permite explorar y reconocer el mundo que les rodea por ellos mismos. Si tienen a alguien que les gestiona todo se pierden la oportunidad de descubrir la manera de salir de sus problemas solos. En la adultez no tendrán la mano de ese adulto que los guié que haga todo por él, no contará con la capacidad de defenderse, lograr sus metas y y ayude a controlar sus emociones.

Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres (Plataforma Editorial) dice claramente que, no significa que para que el desarrollo psicológico del niño se dé, todo se base en el juego, sino que se trata de una necesidad psicológica. Explica el especialista que, todas las veces que les decimos cómo tienen que jugar, que se pueden caer del tobogán, si les damos una tarea y a los cinco minutos vamos y se la sacamos diciendo: “deja, no te va a salir”, le estamos haciendo un daño terrible a la capacidad de desarrollar su confianza.

Esta ausencia de confianza se traduce en un alto grado de depresión, asegura el neurólogo.

“En ausencia de juego libre con iguales, los niños no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicológico sanos”. Enfatiza.


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