Confirmado las personas inteligentes dudan más.

Las personas ignorantes jamás toman conciencia de su propia incompetencia. Suelen creerse expertos y sobreestiman sus habilidades, pensando que saben todo.

En cambio, las inteligentes, a pesar de estar más capacitadas, dudan más y son inseguras.

Esta actitud puede causar que no accedan a los lugares que por su talento deberían alcanzar, afectando esto su autoestima.

El problema

Algunos pensadores abordaron el tema de la inteligencia y las personas inteligentes.

Por ejemplo, Charles Darwin dijo que la ignorancia “genera más confianza que el conocimiento”.

El gran escritor argentino Jorge Luis Borges, afirmó que “la duda es uno de los nombres de la inteligencia”… y probablemente uno de sus problemas, podemos agregar.

Bertrand Russell afirmó, con una gran ironía, que el problema de este mundo es que los estúpidos siempre están seguros de sí mismos y las personas brillantes llenas de dudas. Esto explica por qué muchas veces quienes alcanzan el éxito o posiciones de poder político o empresarial no son precisamente los más preparados o inteligentes, sino los que más se atrevieron. Gran parte de los puestos de mayor responsabilidad e influencia en nuestra sociedad están, por término medio, ocupados por los más ineptos, por perfiles no calificados pero que tuvieron la capacidad de atreverse.

“Saber venderse”

Un documental de la BBC, “El problema de los listos”, abordó este tema.

En el programa se concluye que si los mediocres y menos preparados son quienes alcanzan el éxito, es porque confían ciegamente en su limitado conocimiento o quizás, porque no son capaces de percibir sus limitaciones.

A pesar de ello, llegan a influyentes cargos y buenos trabajos porque saben “venderse”. Aparecen como “expertos” en un área, pero en realidad no están capacitados. En la dicotomía entre el “ser” y el “parecer”, hacen que prevalezca el segundo.

En cambio, esto no ocurre con las personas más inteligentes, quienes, muchas veces, ni siquiera se sienten cómodas hablando de sí mismas. No se ven a sí mismos como expertos, no tienen la ciega determinación del ignorante y se acentúan lo que aún no saben.

Un curioso efecto

Es común que algunas personas con escasa habilidad cognitiva, experimenten un sentimiento de superioridad ilusorio, pensando que son más inteligentes que el resto.

Esto se conoce como el efecto Dunning-Kruger, una manera de ubicarse frente al conocimiento por el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos experimenta un sentimiento de superioridad ilusorio, se consideran más inteligentes que otros más preparados, evaluando en forma incorrecta su habilidad por encima de lo real. Es una incapacidad del sujeto para reconocer su propia ineptitud.

En otro ángulo, los individuos más calificados tienden a subestimar sus conocimientos y competencia, pensando (equivocadamente) que lo que a ellos les resulta fácil lo es también para otros.

El gran problema

Lo que se plantea no es poca cosa: la inteligencia, en lugar de ser una ventaja para quien la posee, representa en realidad una gran carga que resulta negativa, porque inmoviliza a la persona.

¿Qué pueden hacer los inteligentes para salir de esta situación?

¿Cómo pueden salir de la indecisión y de la sensación de no estar preparados, porque están más conscientes de sus limitaciones que de sus posibilidades?

¿De qué manera pueden romper ese estado de cosas?

¿Cómo pueden adquirir la capacidad de reacción y la firmeza necesarias para sobrevivir en un mundo que las exige cada vez más, donde cada vez queda menos espacio para la reflexión y el análisis?

Si bien es cierto que el conocimiento requiere tiempo y minuciosidad, es un hecho que se necesita llevar a la práctica y hacerlo realidad, de manera que se concrete en obras.

El tiempo corre y no sobra, las carreras laborales y profesionales se desarrollan cada vez más rápido, a un ritmo casi vertiginoso. Desconocer esto puede significar quedar en el camino y resignar el cumplimiento de metas en todos los ámbitos.

Por ello, es necesario aplicar estrategias y enfoques para avanzar, estas son algunas de ellas.

-Lo primero y quizás más importante, es cambiar la percepción de uno mismo. No está de más saber las carencias y limitaciones, pero lo fundamental es tomar consciencia de nuestros propios saberes y potencialidades.

-De la mano con lo anterior, es imprescindible no infravalorarse. La persona inteligente debe aceptar sus habilidades, asumirlas y confiar en ellas. A menudo, estas personas miran a los demás y ven en ellos capacidades que no tienen (determinación, carisma, habilidades sociales, empuje, etc). Esto es una equivocación, porque no todos somos iguales y quizás lo más importante: muchas de esas habilidades también pueden adquirirse y desarrollarse.

-Muchas veces las personas inteligentes dudan demasiado y quedan empantanados en las diferentes opciones que que analizan. Deben aprender a orientar ese pensamiento complejo, que “se va por las ramas” y hasta resulta caótico en ocasiones, hacia un objetivo concreto, focalizando la energía de su pensamiento. Es necesario que aprendan a combinar la reflexión con la determinación.

-En ocasiones, la persona inteligente cavila tanto y es capaz de percibir tantos detalles, que maximiza los aspectos negativos de una situación, llegando incluso a tener una visión pesimista. Pueden llegar a tener la sensación de que es casi imposible hallar un lugar donde desarrollarse adecuadamente y mostrar todo su potencial. Esto les frustra, les baja la autoestima y en ocasiones les conduce a un conformismo irónico y desencantando, porque se saben mejores que otros que ocupan determinados lugares.

Para evitar esta sensación, las personas inteligentes deben confiar en que sus talentos fluirán y encontrarán su lugar en el momento adecuado. No rendirse, sino estar alerta es la consigna, atender a las oportunidades y sobre todo, ser capaces de pasar a la acción cuando la oportunidad aparece y es favorable.

Aunque puede parecer un contrasentido, la inteligencia puede ser un “lastre” y no una ventaja. Sola, sin persistencia, determinación y una adecuada dosis de habilidades sociales y empatía, significa en ocasiones un estigma y un elemento que aleja a la persona que la posee.

Se suele hablar de más de un tipo de inteligencia y ello es cierto, no todos tenemos la misma faceta, pero con persistencia y determinación es posible lograr la mejor expresión de nosotros.


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