Compararnos con los demás sirve de algo?

La competitividad impregna fuertemente la sociedad actual. Desde niños nos enseñan y hasta nos fuerzan a competir. Lo importante es siempre superar al otro, no importando incluso si hacemos bien lo que debemos hacer.

Competimos por la nota en el colegio, para  conseguir un trabajo o un ascenso, para tener más amigos o para estar entre los mejores en el desempeño de alguna actividad. Luchamos por los “likes” y contamos cuántos seguidores e interacciones tienen los demás.

Continuamente se crean concursos y competiciones para encontrar al mejor en algún campo y  muchas veces parece que “el fin justifica los medios”.

Este es un aspecto particular de la competencia es el aspecto de la comparación.

Competir y comparar

Según diversos estudios, un grupo de personas trabajando juntas y unidas pueden alcanzar metas mayores que una sola persona. Sin embargo, esto es muy difícil si en lugar de fomentar la cooperación, la solidaridad y el bien común, se estimula la competencia y el logro individual.

De hecho, para trabajar en equipo se debe controlar el ego y eso requiere formación y una gran dosis de humildad.

Muchas veces, la búsqueda del éxito individual se basa en la creencia que es la única manera de lograr el reconocimiento y el afecto de los demás. Sin embargo, esta es una idea equivocada:   ganar no significa lograr amor. Lograr el triunfo es algo efímero y lo que se queda con nosotros es aquello que aprendimos en el proceso de lograrlo.

La competencia con los demás puede ser agotadora, negativa y llevar a situaciones de aislamiento. Además, la búsqueda permanente del triunfo y su jerarquización excesiva, puede llevar a demeritar todo los demás aspectos de la vida y conducir a la frustración.

La comparación  con los otros puede considerarse un componente de la competencia. Es una actitud extremadamente desgastante y conduce a serios conflictos personales, afectando profundamente la autoestima y las relaciones interpersonales.

Positiva o negativa

La comparación es como una moneda, ya que tiene dos caras. Por un lado, puede ser muy efectiva para lograr un aumento en la autoestima y dar la fuerza necesaria para lograr superarnos y alcanzar nuestras metas, pero por otro lado, coloca nuestra atención fuera de la propia tarea, dándole menos valor a la motivación que esta pueda dar.

Hay un ejemplo muy simple: si solo salimos a dar una vuelta en bicicleta porque el vecino lo hace o queremos mostrar que nosotros también podemos o que nuestro biciclo es mejor, la actividad, que bien puede ser muy agradable, puede transformarse en una carga y en una lucha que no trae placer.

Es bastante sencillo reconocer cuando una comparación es negativa:

  • Se utiliza para devaluarnos a nosotros mismos o a los demás
  • Califica a las personas únicamente como objetos.
  • Provoca dolor interno y malestar.
  • Hace que nuestro bienestar dependa del exterior, porque la única manera de estar bien, es que los demás estén mal.
  • Estimula los aspectos más negativos de nuestra personalidad: envidia, rencor, celos, mentiras.
  • Hace que nos transformemos en “cazadores de defectos y errores ajenos”.
  • Lleva a un deterioro de las relaciones y las hace imposibles, evitando el disfrute de los aspectos positivos de las personas.

Es fundamental no caer en las comparaciones que perjudican y son negativas. Para ello, es fundamental reforzar la autoestima y comprender que personas son únicas, con sus aspectos positivos y negativos y que estos dependen de las circunstancias que cada uno ha enfrentando a lo largo de su vida.

Caer en el autocastigo porque otra persona ha logrado lo que nosotros no, nos hace perder las coordenadas de nuestra propia situación, nos descentra y nos hace extrañarnos de nosotros mismos.  Nuestra vida tiene objetivos distintos a la de los otros y debe guiarse por lo que nosotros queremos y no en lo que otras personas han logrado.

Sin embargo, es posible hacer que la comparación sea algo positivo: eso se logra cuando se aprovecha su aspecto motivador para lograr realizar las tareas que nos cuestan más o aquellas que nos gusten menos.

Lo importante es tener muchísimo cuidado, porque la línea que divide la comparación positiva de la negativa es muy fina y no se debe atravesar buscando lograr la perfección..

La lucha con uno mismo

Pero no es solo con los demás que nos comparamos y competimos: muchas veces la lucha encarnizada es contra nosotros mismos.

Hay una delgada línea entre intentar superarnos y alcanzar nuestras metas y autoevaluarnos tan duramente de forma que nada de lo que hacemos nos complace. Esto es un camino seguro a la frustración e incluso a estados depresivos severos.

Especial cuidado cuando cargamos con la mochila de los deseos de otros y queremos cumplir con las exigencias de todos los demás.

Recuerda

Tu vida es tuya y de nadie más y querer cumplir con las exigencias y los deseos de otros solo hará que postergues los tuyos, llevándote a una profunda insatisfacción.


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