Cómo sobrevivir a un divorcio después de los 50

Casi todos hemos sido educados con la idea de que el matrimonio es “para siempre”. El “hasta que la muerte los separe” es probablemente una frase marcada a fuego en el imaginario social.

Sin embargo, la realidad muestra otra cosa: un gran porcentaje de las parejas fracasan y se separan, de forma más o menos amistosa.

Algunos distanciamientos suceden a poco del matrimonio, incluso a semanas, meses o pocos años. Esto se explica por decisiones apresuradas, contrayentes muy jóvenes u otras razones.

Sin embargo, en los últimos años ha aumentado el fenómeno de los matrimonios de muchos años, ya con una vida en común muy larga, con carreras profesionales o laborales afirmadas e hijos grandes, que toman la decisión de poner punto final a la relación.

¿Cómo entender y encarar un divorcio a los 50?

Un difícil momento

En la concepción tradicional, parece difícil de entender la decisión de divorciarse después de tantos años de matrimonio.

Las razones pueden ser muchas: un engaño y la consecuente decepción, metas no cumplidas, problemas económicos u otros, llevan a las personas a tomar esta decisión, en la que, a diferencia de otros familiares o amigos que están en una etapa de afianzamiento total de la pareja, se decide poner punto final. En muchos casos se trata de “compañeros de vida” que lenta y silenciosamente sobrellevaron sus problemas o incompatibilidades, pero que finalmente deciden terminar con la pareja. En estos casos, es como que son conscientes de haber recorrido junto un camino y que ahora, este es diferente para cada uno.

Si bien esta separación afecta tanto al hombre como a la mujer, normalmente esta queda en situación desventajosa, ya que por lo general estuvo relegando su propia actividad, subordinándola la vida familiar. Por este motivo, puede tener aspectos especiales para ella, lo que no significa que sea fácil para el hombre.

El divorcio siempre es un proceso difícil, sea en el momento que sea y superarlo requiere de mucha estabilidad emocional. Si se produce en esta etapa de la vida, adquiere ribetes muy especiales, ya que implica aprender a vivir de nuevo sin la persona que ha estado tanto tiempo al lado y con la cual se ha compartido tantas cosas.

De hecho, un divorcio tardío supone retos únicos que en otra etapa de la vida no hubieran estado presentes.

Por ejemplo, una especie de terror puede apoderarse de las personas, especialmente de la que no ha tomado la decisión inicialmente. Es necesario reorganizar la rutina del día a día, el pago de facturas, el aspecto económico: todo cambia y eso puede resultar muy perturbador.

Muchas personas deciden, por ejemplo, retomar la actividad laboral o profesional que habían interrumpido, lo que demanda un “aggiornamento” a los nuevos avances y especialmente en el aspecto de las tecnologías utilizadas.

Aunque probablemente los hijos ya estén grandes, igualmente se verán afectados, tanto en lo emocional como en lo económico. En todos los casos, debe velarse. Porque nadie salga particularmente afectado.

Si en cambio los hijos son aún menores de edad, la separación no debe significar que se sientan culpables o que se resienta el contacto con ambos padres: siempre se debe resaltar que el amor hacia ellos sigue intacto y que lo ocurrido es únicamente entre papá y mamá.

A RECUPERARSE


Si estás atravesando esta situación o la estás evaluando como posibilidad, estos puntos te servirán para enfrentar el momento.

– Lo primero que tienes que saber es que la vida no se acaba, considera que es una etapa que se cierra para abrir y encarar otra nueva. Obviamente los primeros tiempos serán difíciles, pero con el tiempo te llegará una nueva estabilidad.

– Si no te sientes lo suficientemente fuerte como para enfrentar esto en soledad, busca ayuda, puede ser un amigo o una amiga, un familiar, un sacerdote o un profesional psicólogo. Superar el divorcio sin ayuda puede resultar extremadamente difícil, especialmente a esta edad, por lo que debes asegurarte de realizar los pasos correctos, canalizando tus emociones de la manera correcta. Tendrás que superar el proceso de duelo o de pérdida por la relación y paralelamente enfrentar las emociones implicadas y los aspectos económicos. Si es necesario, busca también el consejo de un abogado, un contador y un escribano si existen bienes que sean de la pareja.

– Siempre un trato es mejor que una querella: un divorcio conflictivo resultará mucho más caro, largo, complicado y emocionalmente difícil, que otro que se haga apelando a la negociación en buenos términos. El objetivo debe ser, cualquiera sea el motivo del divorcio, que las dos partes ganen y no que uno gane y el otro pierda: ganar- ganar es siempre la mejor opción. Cuanto menos tiempo pases en los tribunales más barato y menos doloroso será todo, deja el odio y el resentimiento de lado para buscar acuerdos. La visión debe enfocarse en lo que vendrá: como reza el dicho, “lo pasado, pisado”.

– Si no lo hacías hasta ahora, organiza perfectamente tu economía, especialmente en los primeros tiempos, que deben ser de ajuste. Tómate un tiempo para entender tus finanzas, haz una tabla de ingresos y gastos. Un divorcio puede tener consecuencias legales y debes saber exactamente qué es lo que corresponde pagar a cada uno, infórmate de estado de pago de impuestos de los bienes o negocios.

Si estás en etapa de decisión, analiza sinceramente y si existe el afecto, ve con tu pareja la forma de recomponer la relación, busquen ayuda profesional si es necesario.

Si llegas a la conclusión que la mejor salida es el divorcio, asume esta nueva etapa como una oportunidad y más allá de los malos momentos, entiende que la decisión se tomó para mejorar: es cierto que los estudios prueban que las personas casadas tienen mejor calidad de vida y viven más tiempo, pero debe tratarse de convivencias felices, ya que un matrimonio con problemas empeora la calidad de vida y es capaz de deteriorar la salud de uno o de ambos miembros de la pareja.

Lucha por tu felicidad y recuerda que lo mejor está por venir.


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