Cómo saber si estás en una relación de “amor-odio”

Todos nos relacionamos en forma ambivalente con los demás, ya que hay componentes positivos y negativos implicados, en concordancia con los diferentes aspectos de la personalidad de cada uno.

Y esto arranca desde muy pequeños: el niño ama a su mamá porque ella le da todo, lo alimenta, lo cuida y lo consuela, pero si ella no lo atiende en determinado momento, o se retrasa en darle el alimento, llorará sin parar, considerándola “mala” en ese momento.

Esta es una relación que se percibe como profundamente asimétrica, en la cual una de las partes lo tiene todo y administra a su antojo, dando o negando. Cuando la madre niega, el hijo se siente tan desprotegido que hasta llega a decirle cosas terribles (“eres la peor mamá del mundo”, “no te quiero”) para volver luego a compensarla con otro tipo de frases (“te amo”, “eres la mejor mamá del mundo”), buscando recobrar su favor y su amor. En ocasiones, el niño tiene miedo que su madre le abandone si no cumple con sus deseos.

En esta escala de sentimientos se manejan luego las relaciones, conservando el antecedente de esta primera relación fundamental, con la gran diferencia que, con el crecimiento y el desarrollo, deberían desaparecer los temores irracionales y los aspectos infantiles.

Balance

Las relaciones maduras se caracterizan por presentar ambos aspectos en forma equilibrada y fundamentalmente, de forma que no afecten la estabilidad de la pareja.

En estas relaciones, las emociones se expresan sin el temor de causar daño al otro, por el cual nos podemos sentir mal posteriormente. Aquí nuestra autoestima es mayor y no pensamos que el otro nos va a abandonar porque es mejor que nosotros o simplemente porque quiere hacerlo.

También existen sentimientos encontrados con respecto a nuestra pareja en estas relaciones: a veces estamos felices y a veces enojados, pero siempre nos sentimos plenos y seguros, no tememos que nos agredan sin una razón válida y por el simple hecho de perjudicarnos. Todo se desarrolla en un balance entre lo positivo y lo negativo, asimilando una relación igualitaria entre ambas personas.

Los extremos

Sin embargo, hay numerosos casos de personas que establecen sus relaciones de pareja conservando los modos de funcionamiento más arcaicos y primitivos.

Estas son las relaciones de amor-odio, en las que el grado de felicidad y enojo son muy extremos. Se reconocen porque tienen mucho que ver con las relaciones infantiles ya descritas.

El miedo a perder a la otra persona y el enojo por cualquier frustración, se transforman en los ejes sobre los cuales transcurre la pareja.

Estas son algunas de sus características:

  • Muestran reacciones muy extremas y con frecuencia muy contradictorias. Pasan de escenas de máximo amor y ternura, a otras con una notable carga de agresión verbal e inclusive física. Esta transición puede darse en un lapso muy corto de tiempo y a veces, basada en simples suposiciones.
  • Son frecuentes episodios “ilógicos”: luego de una gran discusión, con componentes de alta agresión, uno le regala al otro algo muy caro, a veces fuera de sus posibilidades económicas, hasta endeudándose para lograrlo.
  • El pasado y el futuro se mezclan, son frecuentes los reclamos y discusiones sobre temas muy antiguos, pero que se reflotan en cualquier momento.
  • Se desconfía o se espera siempre un abandono o una traición. El extremo sentimiento de amor que se siente en un instante, se transforma en un absoluto temor de perder a esa persona en el siguiente, pudiendo dar lugar a episodios en los que cualquier hecho fuera de lo acostumbrado (una llegada tarde, un mensaje en el teléfono, un ascenso) se percibe como una señal de que todo se termina.

  • En los momentos en que la persona se sienta abandonada, puede realizar actos de agresión hacia su pareja, porque “se lo merece”. Luego recapacita y vuelve al estado de enamoramiento, en un ciclo que no tiene fin.
  • Los sentimientos más fuertes en estas parejas son la inseguridad, el miedo y el enojo. Normalmente se sienten “atrapados” en la relación.
  • Por la sensación de inseguridad, estas parejas tienden a estar siempre juntas, a controlarse el uno al otro permanentemente. Si eso no es posible, se buscan los medios para lograrlo, a través del teléfono, contactos en el trabajo del otro o visitas sorpresa en donde el otro está. Los celos enfermizos son moneda corriente.
  • El peligro de este tipo de relaciones es que normalmente las expresiones de amor y odio van escalando. La necesidad de estar juntos aumente, pero también las expresiones de despecho van adquiriendo mayor carga de agresión, con hechos de violencia verbal y física que van en aumento.
  • Si estás en una relación de este tipo, es primordial que busques aclarar las cosas con tu pareja, de forma de solucionar las cosas. Si no pueden hacer esto solos, es imprescindible que busquen asesoramiento profesional, para que no aumenten los daños.


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