¿Cómo funciona la mente de una persona celosa?

Son los celos parte de un estado emocional de los seres humanos que hacen a su naturaleza. Es normal que cuando se ama a alguien los celos acudan a nublar la vista cuando la más mínima amenaza se asoma por la ventana de nuestra relación. Sin embargo, es un error pensar en que los celos son resultantes directos de la afectividad. Los celos son más bien respuestas emocionales a un complejo proceso que hace nuestra psiquis con respeto a una determinada situación en donde nos sentimos de cierta forma amenazados, son alertas que se desprenden de algún grado de inseguridad. Tengan o no sustento, son signos de irracionalidad. Pero ¿cómo realmente funciona la mente de una persona celosa?

Los celos son reacciones emocionales que no encajan con el raciocinio. Se los define como una serie de respuestas a señales de alerta vinculadas a un área determinada del cerebro.

Es importante aclarar que, el amor no es directamente proporcional al nivel de los celos de una persona. No se ama más porque se cele más. Craso error.

Acercándonos a la biología de los celos

Al respecto, la Dra. Helen Fisher, psicóloga, manifiesta, en lo que se refiere a su campo de investigación sobre la psicología del amor que, los celos derivan de conductas no precisamente afectivas, pero sí posesivas sin importar si la relación apenas inicia o sea de larga data. Ella explica que, lo que sucede con los celos es una pésima mezcla de sentimientos de humillación, posesión, a la vez que se despiertan la ira, la impotencia, la inseguridad.

Haciendo un análisis en retrospectiva en la vida de una persona celosa, salen a la luz ciertos conflictos emocionales que son caldo de cultivo para generar una personalidad conflictiva derive en celos. Los problemas que afectan a la autoestima, traumas de infancia, miedos, inseguridad, por citar algunas causas, hacen que los celos se conviertan más bien en un mecanismo de defensa de forma casi inconsciente ante la primera chispa de duda.

Cuando se trata de mantener la hoguera encendida, casi como un instinto de conservación de la pareja, los celos suelen ser una buena excusa para lograrlo. Pero allá cuando todo sale de control, y esa carga emocional se vuelve completamente dañina sin límites ni parámetros, se pierde la noción de lo que es realmente importante.

Cuando los celos toman el control de la situación

La violación de la privacidad sin siquiera tener una sospecha sólida o comprobada, es uno de los pasos seguidos de esta reacción emocional. La sola sospecha hace que se quiera tener el absoluto dominio de todo, incluso, de los mensajes, las llamadas, las redes sociales.

Las acusaciones sin fundamento están al acecho si se tiende a reclamar a la pareja cualquier cosa: porque miró a una chica al pasar, porque no atendió una llamada, porque no lleva a la pareja a tal lugar.

Puede que se intente elegir sus amistades o prohibirle que hable con algunas personas que no son del agrado de la pareja y, sobre todo, mujeres.

Se suele cuestionar siempre todo e invadir los espacios de la pareja y preferir aislarlo de la gente.

En el peor de los casos, la violencia física se hace presente, cuando el descontrol ha sobrepasado todos los límites.

Cuando una persona siente celos, se desencadena una reacción hormonal provocada por la oxitocina, es la responsable de los afectos, del sentir apego y es la hormona interviniente en las adicciones lo cual hace todo mucho más peligroso.

En el caso de inhibirse el control del comportamiento, entran en escena el óxido nitroso, la anandamida y la vasopresina.

Camino hacia una relación sana ¿Cómo lidiar con los celos?

Aunque el amor que exista entre ambos parezca fuerte y se trate de una relación de años, los celos lo destruyen todo. Principalmente hay que entender que cuando los celos se desatan por completo en una relación generan todo tipo de circunstancias desagradables para la pareja. La persona siente que ya no puede respirar en esa relación y esa sensación de asfixia lo arruina todo por nocaut.

Para mantener el autocontrol es necesario reflexionar a cada paso, cada situación. Mantener una comunicación fluida con la pareja puede ser de mucha ayuda. Siempre debemos pensar en qué nos basamos para sospechar, qué tan importante puede ser esa sospecha. Conocer a la pareja y darle el voto de confianza necesario es parte de amar y de construir el día a día juntos, si existe algo que nos parece que no está encajando bien y despertamos a los celos, primero hay que estar completamente seguros de que tan fundamentada es la duda. Hasta que tu sospecha no tenga la suficiente solidez, no reclames. No ataques por atacar.

Evita los insultos provocados por la ira de los malos entendidos. La sola sospecha no significa absolutamente nada, solo generarás un incómodo momento y un cúmulo de tragos amargos entre tu pareja y tú.

Si él ha tenido cambios radicales de actitud, si está distante, salidas en horarios extraños, continuidad en ciertas excusas que son obvias, si lo has visto coquetear con alguien, entonces sí, es el momento de reclamar, de dudar, de hacer algo con esa relación, de pedir explicaciones.

Los celos no tendrían tanto protagonismo si comprendiéramos que el secreto de una relación sin sospechas está en la confianza y en la conexión de pareja. Si aprendemos a conocernos y a confiar en nosotros mismos, tomar un respiro y repensar nuestras reacciones sería más sencillo.


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