¿Cómo descubrir si eres la tóxica en la relación?

Cuando nos encontramos en una relación consolidada, basada en el amor y en el respeto mutuo, todo es diferente. Sin embargo, desde el momento en que permitimos que la inseguridad y los miedos tomen el timón, perdemos la noción de lo realmente importante para la pareja. Vivir dependiendo del otro, nos somete a una forma de vínculo tóxico, un espiral al que ingresamos y no nos damos cuenta de que estamos allí, sino hasta que él se termina cansando. Tomar conciencia de que hemos perdido el norte, de que somos nosotras quienes estamos dañando la relación que hemos construido, no es tan simple si nos negamos a ver la realidad. Existen algunas señales de que tú eres la tóxica entre los dos.

Si te ubicas en el papel de la mujer perfecta en el que no se admiten los errores de los demás, la heroína en todo momento, la esposa ideal, esa eres tú. Entonces nos encontramos ante un problema, algo no está funcionado bien, pues tu condición humana no te permite ser perfecta. ¿Será que estás ante una dinámica tóxica centrada exclusivamente en ti?

Sus necesidades son tu única prioridad

A veces cometemos el error de creer que, estar enamorado es dar el todo por el todo solo por amor, pero pasa a la línea del olvido nuestro propio interés y nuestro amor propio. Nos olvidamos del hecho que no estamos en segundo plano, la relación de pareja debe ser equitativa sino jamás funciona.

Si solamente te concentras en lo que él siente, lo que piensa, lo que le pasa, lo que le gusta, porque eso te permite dar una imagen de sata y mártir, la buena mujer que lo da todo, te olvidas de lo más importante para ti: tú. Una relación sedimentada sobre un cimiento de amor y confianza no hace que la balanza se incline más de un lado que del otro. El bienestar en la pareja debe ser mutuo.

Pides disculpas aunque no te corresponda

No te agradan para nada las confrontaciones, ni tan siquiera si se trata de un acalorado debate pero positivo. Prefieres disculparte y darle la razón con tal de no seguir en la línea del conflicto. Cometes el peor de los errores. No se termina el problema porque cortes por lo sano y te eches la culpa o le des la razón.

Si esa situación pudiste superarla, aunque mal, de esa manera luego vendrán otras y otras más. Te pasará mil veces. ¿Aguantarás todas? Verdad que no.

Así como las disputas permanentes y por cualquier cosa no están bien, las justificadas confrontaciones son necesarias. Para que una relación se reafirme y crezca debe sí o sí atravesar por conflictos, no todo será color de rosas. Las discrepancias son buenas en tanto y en cuanto sirvan para que ambas partes expongan sus puntos de vista y aprendan a conocerse y a respectarse como son. Sabrán cuál es el límite del otro. Claro que cuando atraviesan la línea del exceso y la falta de respeto se hace presente ya se pasó a otra instancia y el desacuerdo se convirtió en conflicto.

Si consideras que solamente tú puedes manejar cualquier situación

Crees que si no te ocupas tú personalmente de las cosas, nada saldrá bien. Es el pensamiento de muchas mujeres que consideran que ¨los hombres no hacen bien tal o cual cosa¨, pero olvidan dar la chance de demostrar lo contrario. Si tú no puedes ocuparte de algo, debes delegarlo en él, pero tampoco funciona si estás encima de él pretendiendo que lo haga precisamente como tú, te pones nerviosa y si lo delegas de mala gana, será peor aún. No solo será frustrante para ti, sino que él también sentirá el peso de la frustración aunque lo haga bien.

Dale tu voto de confianza, recuerda que la relación es de a dos y aprender a compartir es parte de ese todo que están construyendo juntos.

Tu mundo gira en torno a tu compañero

Has dejado de lado tus propios intereses para unirte a él, construyes tu rutina diaria en base a lo que él haga o diga. Si salen, van a donde él decida, no a donde tú quisieras ir. Unas vacaciones serán oportunas cuando él pueda y a la zona que a él mejor le parezca. Abandonaste una prometedora carrera por estar con él: tu mundo entonces gira en torno a él. Una relación no se basa en lo que decida una sola parte, en lo que sea una sola parte.

Cuando decidimos unir nuestra vida con alguien es cierto que también ingresamos al terreno de las amplias negociaciones en el que haremos algunas concesiones, donaremos nuestro tiempo, nuestro espacio, pero tú tienes una vida hecha, una historia propia que no puedes dejar por nada ni por nadie, pues es lo que tú eres. La realización personal no se basa en las renuncias, se basa en aquello que somos y los objetivos que deseamos lograr, así caminemos hacia la meta con nuestra pareja o no, eso es lo que somos y la persona que decidió acompañarnos en ese camino, debe respetar quienes somos así como seremos capaces de hacerlo también por ellos.

No te abandones por el camino, puedes acabar extraviado una parte importante de ti que te costará trabajo recuperar. Si tu pareja de verdad te ama te aceptará y te dará tu espacio de la misma forma en que tú lo harás por él y tendrán, así mismo, su vida en común.

Si te sientes identificada con algunas de estas precisiones, puede que estés a tiempo de componer tu relación.


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