¿Estás listo para dejar de sentirte como la eterna víctima y finalmente ser protagonista de tu vida?

Lo que primero tenemos que pensar es frente a qué situaciones nos sentimos como una víctima y qué papel cumple en nuestras vidas esta actitud, por ejemplo, puede ser habitual que se ocupe para manejar la ira y el enojo.

La actitud de víctima sirve para crear sentimientos negativos que pueden ser muy perjudiciales. La buena noticia es que, a pesar de que pueda parecer habitual el hecho de que adoptemos esta posición ante distintas las circunstancias de la vida, también podemos adoptar ciertas medidas que nos ayuden a no caer en esta posición y que nos empoderen para que podamos tomar el control.

En relación al sentimiento de ira, es frecuente ver que hay ciertas personas que le temen a este sentimiento. Por eso pueden negar su existencia y también tienden a anticipar el daño que este sentimiento les pueda causar. En consecuencia a creer que la ira les va a hacer daño a ellos mismos y a los demás, se produce que generalmente tienen una alta sensibilidad a la ira que sienten los demás, incluso pueden llegar a distorsionar las expresiones o actitudes de los otros, sintiendo éstas con una mayor intensidad, en comparación a la que en la realidad tuvieron. Debido a lo anterior, es frecuente que las personas de manera involuntaria, adopten el papel de víctimas.

Ahora, vamos a referirnos a otro tipo de personas, las cuales prefieren, inconscientemente, adoptar este tipo de papel, debido a que les resulta mucho más fácil, que hacerse cargo o ser responsables de las situaciones que están viviendo. De esta manera, dejan que cosas como la suerte y el destino puedan regir sus vidas, producto de lo anterior, ellas evitan tomar las decisiones pertinentes y tampoco toman las riendas de su propia vida.

Hay sentimientos que debido a la actitud de victima, pueden ir cambiando, por ejemplo: si la persona sintió ira en un principio, en respuesta a situaciones de frustración o de estrés, entonces esto se puede transformar en: miedo, desconfianza hacia los demás y también en sentimientos de haber sido dañados.

Para hablar de las maneras que existen para cambiar, desde la posición de víctima, hacia una perspectiva y actitud más empoderada, vamos a comenzar definiendo
¿qué es una posición de víctima?

Primero, es una postura que se caracteriza por tener una actitud pasiva y un comportamiento basado en el poder negativo. Es una posición fuerte, en el sentido de que es estable y no es tan fácil de cambiar. Las personas que -consciente o inconscientemente- se disfrazan de falsas víctimas, simulando una agresión inexistente, culpando a los demás y librándose de responsabilidades. ¿Por qué? Pues porque hacerse la víctima tiene sus beneficios; entre ellos: evadir la realidad.

Primero, vamos a partir con una definición sobre ¿Qué es la ira? Es una respuesta emocional simple e irracional, que viene desde la frustración. Estas emociones no requieren ninguna justificación.

Como uno se puede imaginar, el grado de ira es proporcional al grado de frustración. Lo que viene primero es la frustración, luego viene la ira y por último, la ira se convierte en una actitud de victima. ¿Cómo pasa esto? Esto es en consecuencia de una racionalización de la ira. Las personas suelen sentirse víctimas de la situación, pueden quedarse atascados en sentimientos de ira y son capaces de adoptar una actitud que aleje a los demás.

Al respecto, hay palabras que nos ayudan a justificar nuestra ira y que es necesario que dejemos de usar. Estas son: “justo”, “debería/debe”, “derecho” o “mal”. La explicación de esto, es que las personas se atan a sentimientos de frustración, porque se entiende que a la base hay una creencia arraigada, acerca de que otros están obligados a satisfacer sus necesidades. Algunos ejemplos son: esto debe ser así y tú deberías haber hecho esto, tengo derecho a … y alguien debe responder por ello, etc.

¿Cómo lo hacen?


Deformando la realidad. Estas personas verdaderamente creen que la culpa de las cosas que les ocurren está lejos de ellos; es decir, es de los demás. Su problema es que tiene una noción distorsionada de la realidad, creyendo que todo proviene a causa de circunstancias externas. Poseen además un sesgo negativo para evaluar las cosas, desarrollando un pesimismo exacerbado y obviando todo lo positivo que les sucede.
Lamentándose y buscando consuelo luego. Al creerse víctimas permanentes de las circunstancias y “sin poder hacer nada” para cambiarlas, a estas personas sólo les queda buscar consuelo en su lamento; lo cual, incluso les genera cierto placer (por la compasión y protagonismo que les otorga).
Permanentemente buscando culpables. Este tipo de personas usualmente desarrolla una actitud algo paranoica e hipersensible, creyendo que los demás intentan perjudicarlos y sintiéndose permanentemente maltratados hasta por el más mínimo detalle.

Convenciéndose de su falta de culpa. Poseen muy poca autocrítica y, por lo mismo, no toleran bien las críticas ajenas. Para ellos, los errores de los demás son intolerables pero los propios, inexistentes.
Utilizando un retórica victimista. Su discurso se basa principalmente en descalificar el argumento de los demás, haciendo que el otro asuma el rol de atacante. Lo logran poniéndose a sí mismos en el papel de víctima, eludiendo responsabilidades y sin reconocer sus errores.
Manipulando emocionalmente. Estas personas –más o menos conscientes- juegan con las emociones de los demás para dejarlo todo a su favor y quedar como víctimas. Pueden incluso utilizar la empatía que nos puede causar el ver a una “víctima” de algo.

Ser una víctima es cuestión de perspectiva


Como recién mencionamos, el reconocer las emociones incluyendo la ira, es algo fundamental a la hora de poder comenzar un proceso de acabar con ella. Esto se refiere a que vamos a poder distinguir la rabia o la ira, aunque en la superficie, creamos que la situación nos causa pena o tristeza.

A todos nos puede pasar que sentimos que no podemos controlar o hacer algo respecto de ciertas circunstancias, al respecto: ¿Qué sentimos cuando nada sale según lo planeado? El sentimiento se llama frustración.

Finalizando este artículo, se quiere señalar que el rol de ser una víctima, es mucho más fácil que poder encarar la situación y enfrentarla con valentía. Al respecto podemos leer la siguiente cita:

“Es más fácil ser una víctima culpando a los demás de nuestros problemas, porque así no tenemos que asumir el dolor de nuestras propias decisiones” -Anónimo-

Ha llegado el momento en que tú puedes decidir, ¿vas a ser una víctima o un protagonista de tu vida?


"Puedes utilizar los botones de abajo para ver más"