Carta de una abuela: “Mi nieto: el pedacito de cielo que la vida me regaló”

Mi nieto es el pedacito de cielo que Dios me dio, es la felicidad más grande que puede tener un ser humano después de los hijos, porque esto es una partecita chiquitica de mis hijos. Mi nieto es mi felicidad eterna, después de haber criado a mis hijos durante muchos años y verlos crecer, ayudarlos en todo y que ahora se hayan ido, un pedacito de su ser, una pequeña extensión de ellos, me necesita.

Mi nietecito es un obsequio del cielo, la segunda oportunidad que me da la vida para dar amor incondicional. Mi pequeño no necesita que yo lo críe, no necesita que yo esté ahí guiándolo como sus padres. Necesita de mi atención y mi cariño, necesita amor de abuelita.

No puedo ver esa carita y regañarlo por nada, mi casa es la casa de mi pequeño angelito, puede hacer lo que quiera y cuando quiera. Me recuerda a la pequeña personita que fue una vez mi hija, y ahora la tengo a ella, con un carácter igual y con una inocencia hermosa de la vida.

Tanto me enseña mi nieto que es abrumante, ya había perdido el conocimiento de acordarme que era ser inocente y qué era sentir un amor tan puro en mi vida, pues mi hija ya creció hace mucho tiempo, ya hizo su camino y ahora es una mujer hecha y derecha. Lo más impresionante es pensar que hace algunos años atrás, estaba yo detrás de esa niña educándola, y ahora tengo otra parte de ella que me hace feliz y me hace admirar lo bello de la vida. Una nueva chance para hacer las cosas bien, para seguir construyendo futuro. Ésa niña, fruto del amor de aquel pequeño ser que vi nacer, hoy es mi todo. Me da el aliento necesario para superar los achaques de la edad. Es él quien me da razones para continuar habitando este mundo, tan solo para permanecer a su lado.

Mi nieto hoy se ha convertido en mi pequeña bomba de oxígeno, en los años de felicidad que me restan, el que me da el aliento y renueva mi esperanza como verdes brotes. Él es el que me da razones infinitas para sonreír y seguir aprendiendo cada día de mi misma y de los seres humanos.

Es tan bonito ver su curiosidad por todo, como quiere caminar y correr por todos lados, y sobretodo como quiere estar a mi lado a pesar de que tenga que irse con sus padres. Sí, me hace sentir importante y amada, necesitada como fui algún día con mi pequeña hija. Es mi regalo más preciado y mi felicidad más infinita.
Mi nieto, mi mejor obsequio

Mi nieto es el mejor obsequio que la vida pudo hacerme. El amor que siento por él es único, tan diferente a aquel inmenso que sentí por primera vez que conocí a mi amada hija. Mi nietito es el heredero de todo mi tiempo, por haberme cedido el brillo de sus ojos y su contagiosa sonrisa.

Reavivó mi capacidad de alargar mi vida con esperanza, ilusión y alegría. Es lo que soñaba profundamente y hoy en día se ha hecho realidad. Mi corazón palpita con ansias cuando lo veo correteando por toda mi casa, en ésa casa donde creció su mamá.


Mi nieto es el único que puede hacerme sacar la leona que llevo adentro, pues no me importa enfrentarme al mundo por protegerlo. Es quien me da la fuerza para hacer todo, y en cada visita, y cada vez que estoy a su lado, quiero alargar el tiempo, esperando con ansias volverlo a ver y tenerlo en mis brazos.

No bastan todas las canciones de cuna, todas las historias que cuente de noche y todo lo que le enseñe, saca lo mejor de mí y lo que quiero es que crezca feliz a mi lado. Quiero que me recuerde como la persona que siempre estuvo para ahi, que me recuerde como su abuelita consentidora, su proveedora de felicidad y de amor, porque eso es lo que soy. Al final, solo quiero ser quien le cocine todo lo que le guste y lo lleve a hacer todo lo que le quiera.

Nada es suficiente para darte, podría darte todo y más, y aún no sería ni la mitad de lo que quiero para ti, porque esta viejecita tiene demasiadas cosas que regalarte y enseñarte. Añoro cada noche que estés conmigo para contarte cosas de mi vida o anécdotas de tu mamá cuando era pequeña, pues se parecen tanto, que veo tu carita y me acuerdo inmediatamente de ella. Eres la versión de amor y dulzura de esa pequeña niña que crié muchos años atrás.

Hoy, el sonido de su inocente voz se ha convertido en mi bandera. Sus imágenes distribuidas por toda mi casa son como trofeos de la campeona de la vida misma.
Mi nieto es el mejor premio que pude haber recibido tras criar con mucho amor a mi pequeña luna soleada. Ella misma hoy me regala el más bonito horizonte. Mucho cielo para esta abuelita que no se cansa de amar y espera todo el tiempo por llenar de abrazos, besos y regalos. Por él, soy capaz de lograr imposibles. Mi nieta es mi pasado, mi presente y el futuro que me resta. Mi historia, mi familia y mi sangre. Por esto mismo, jamás podré dejar de brindarme.


Ese chiquillo es un pasaje para viajar al pasado. Recordar aquellos bellos días de mi infancia. Sentir los viejos aromas y juegos. Remembrar mi inocencia, imaginación y frescura. Recordar la pureza que portaba y asimilar lo que he perdido y ganado a través de los años.

Mi pedacito de cielo, mi mundo, mi felicidad y mis ganas de vivir. Gracias mi amor, por enseñarme a amar de nuevo, por hacerme sentir útil, amada y con mucho para dar. El día en que yo me vaya, te estaré cuidando desde los cielos, y todo lo que me pidas, por dios y por mí, será concedido. Te amaré con locura hasta el día de mi partida.
Te ama,
Tu dulce abuelita


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