Carta abierta para quienes critican a una madre soltera sin estar en sus zapatos

Diariamente percibo ese miedo en la boca del estómago al reconocerme enteramente responsable de todos los aspectos de la vida de mi hija: su desarrollo, su crecimiento, el hacerla una mujercita de bien es mi mayor compromiso, así que intuyo que el temor probablemente nunca se disipe. Y así, vivo con la adrenalina que me hace no permitirme sentir la debilidad en mis manos de tan tremendo paquete que llevo conmigo, me convenzo fuerte para poder sostenerlo porque sé que al final del día el sujetar su manita vale todo el desafío.


Entiendo que la familia monoparental no es lo común, no lamento esta situación porque tengo la convicción de que vivir en el amor cubre toda carencia. Así que honro el momento en el que me convertí en madre, el resto de los títulos son lo de menos. Reconozco y respeto la libertad de decisión, hay maletas que no me corresponde cargar y al final del día yo no soy la que camina amputada, sintiéndome incompleta aún con mis cuatro extremidades.

Aprovecho para escribirte, si es que alguna vez has juzgado a una mamá por su estado civil, pasa antes a ponerte mis zapatos, te los presto. No estás sola.


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