No entiendo a mis hijos adolescentes! Guía para no morir en el intento.

La adolescencia es una etapa caracterizada por los cambios en todos los sentidos, incluyendo tanto aspectos físicos como psicológicos. Ello sume a los jóvenes en un estado de confusión que, buena parte de las veces, provoca enfrentamientos en el entorno familiar. Estos problemas son fruto, en ocasiones, de la incomprensión recíproca o de simples malentendidos. De ahí que resulte tan interesante conocer los secretos para mantener una buena comunicación entre padres e hijos con vistas a hacer más llevadero el paso de niño a adulto. No es una tarea sencilla pero con paciencia y perspectiva construiremos la relación deseada.

1. Entiende sus cambios


En realidad, más que un proceso de entendimiento lo que debemos buscar es la simple comprensión. No es necesario que tengamos una conciencia clara de lo que le está sucediendo a nuestro hijo, basta con que asumamos que esos cambios forman parte de su vida y que debe pasar por ellos. Esto va a implicar una serie de conductas o actitudes que, quizá, nos parezcan poco aceptables o que incluso afecten de algún modo a la propia familia. No te preocupes. Consigue que tu hijo vea que no le culpas por lo que le está pasando y acabará transmitiéndote sus impresiones.

2. Muestra interés sin llegar a la asfixia


Un error habitual, y bienintencionado, es el de dejar a nuestro hijo aparentemente solo en el proceso de la adolescencia. Creemos que de ese modo logrará salir adelante por su cuenta y sin presiones de ningún tipo pero podemos darle la impresión de que está solo en esta tarea. Cambia de postura y muestra interés por sus asuntos pero sin caer en la saturación o el agobio. Hazle preguntas generales sobre sus diferentes obligaciones o intereses y que sea él quien decide lo que te cuenta y lo que no.

3. Respeta sus silencios

En línea con lo anterior, es altamente probable que el niño/joven prefiera no decir nada o guardar silencio en múltiples ocasiones. De hecho, podemos ver una actitud casi esquizofrénica, en virtud de la cual un día puede ser la persona más locuaz del mundo y otro puede parecer una roca. Tanto en un caso como en el otro, mantén la calma y no sucumbas a la tentación de pedirle que se calle cuando habla mucho o de hostigarlo para que diga algo cuando está totalmente callado. Respeta sus silencios porque pueden ser necesarios.

4. Comprende su mundo


No podemos ocultar que este es, sin duda, uno de los aspectos más difíciles de llevar a cabo. Comprender el mundo de nuestro hijo nos obliga a conocer, al menos de manera general, sus aficiones, gustos y preferencias en todos los sentidos. Qué música escucha, qué contenidos televisivos prefiere, qué maneras de divertirse le agradan más… En suma, una investigación exhaustiva sobre todo lo que le atrae y qué significa para él. No te pedimos que compartas sus intereses, simplemente que le demuestres que respetas sus decisiones y que no hay nada extraño en ello. Sí, puede parecer un mundo extravagante pero es su mundo y para él es muy importante.

5. Precaución en el tema amoroso

Es muy tentador tratar de averiguar cuál es el estado emocional de nuestro hijo, particularmente en el ámbito de las relaciones afectivas. No podemos negar que todos creemos que tenemos mucho que aportar a los jóvenes en el campo del amor. Esto puede ser cierto pero debemos ser sumamente prudentes. Nuestro hijo está explorando un mundo muy complejo en el que experimentará satisfacciones y decepciones profundas. Podemos acercarnos a él para que nos informe sobre este tema pero si percibimos una gran resistencia es preferible no precipitar las cosas.

6. No excederse en las lecciones


Por supuesto, todos los padres sentimos un impulso irrefrenable para aleccionar a nuestros hijos sobre los asuntos más diversos. Todos llevamos dentro a la voz de la conciencia que sale periódicamente a reñir a nuestros hijos o darles una lección magistral sobre por qué tienen o no que hacer alguna cosa. Esto es perfectamente normal y, en su justa medida, puede ayudarnos a alimentar una buena comunicación con el niño. Sin embargo, procura no excederte ni en la duración ni en la periodicidad de tus discursos porque perderán toda su eficacia y tu hijo construirá un muro frente a ti. La adolescencia no es eterna, aprende a contemporizar.

7. Comprensión en el error


Los adolescentes son bastante reacios a dar por buenas las advertencias de los padres y de los adultos en general a la hora de enfrentarse a cualquier desafío. Por consiguiente, son muy propensos a cometer errores de diferente gravedad y ello nos obliga a mostrarnos comprensivos para que su desazón no sea mayor. Siempre y cuando el error no sea de grandes proporciones, nuestra actitud debe consistir en relativizar la magnitud del fallo. La experiencia es la mejor maestra y no sacaremos nada con fuertes castigos, así que ármate de paciencia y asume que tu hijo tropezará pero saldrá del apuro más fuerte.

8. Sin agravios comparativos


Si le decimos una cosa a un hijo y otra muy distinta a otro, generamos una sensación inmediata de agravio en el primero que, inevitablemente, enfría la comunicación con él. Esto se aplica en aquellos casos en los que las familias cuentan con varios hijos adolescentes al mismo tiempo. Si se trata de edades similares aunque distintas, dos o tres años de diferencia, es posible que la menor de las criaturas se sienta permanentemente agraviada. No caigas en el error de pensar que ya se dará cuenta por sí mismo de que haces lo correcto. No tengas miedo de explicarle por qué tratas a los hermanos de manera diferente, al menos según su opinión (que es la única que le importa).

9. Confianza a largo plazo


Llegamos a otro aspecto muy delicado porque es aquí donde nos jugamos que nuestro hijo desee mantener una comunicación muy estrecha con nosotros durante toda su vida. Es habitual que los adolescentes se planteen objetivos a muy largo plazo y, en ocasiones, estos colisionan con la vida en familia o con lo que creemos que es más apropiado para ellos. Ni se te ocurra prohibirle que se plantee según qué propósitos (salvo asuntos especialmente turbios). Es preferible que trates de hacerle ver que sus metas pueden ser un poco difíciles pero que va a poder contar con su familia para auxiliarle en la medida de sus posibilidades.

10. La cercanía imperceptible

Nuestros hijos adolescentes tienden a pensar que somos agentes totalmente ajenos a su manera de ver el mundo y que estamos muy lejos de sus preocupaciones. Es perfectamente comprensible que así lo crean pero no debemos darles la razón de manera directa. Dale un amplio margen de libertad para que se desenvuelva de manera autónoma por la vida pero mantente lo suficientemente cerca como para poder auxiliarle cuando lo precise. Si tiene la sensación de que es libre para actuar pero siempre va a poder contar con nosotros, habremos construido la más sólida de las relaciones. La comunicación nunca se interrumpirá y todas nuestras precauciones anteriores habrán tenido sentido.


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