Aunque aún te ame, ha llegado la hora de decirte adiós.

El amor y el desamor, son las dos caras de una misma moneda. Cuando todo comienza y las mariposas revolotean, jamás esperamos que eso termine. Pero sucede que a veces, aquello que ha echado raíces profundas en nuestro corazón, aunque duela, debemos soltarlo, dejarlo ir. No siempre las cosas se dan del modo en que quisiéramos y en la balanza de las sumas y las restas pesa más lo que nos hace daño, que los momentos felices, es cuando debemos detener la marcha y cambiar la dirección del destino. ¿Vale más el amor por esa persona, que el amor por nosotras mismas? Si hemos dejado de ser quien queremos ser, aun estando muy enamoradas, ¿vale la pena el sacrificio? Puede que tus búsquedas y las suyas nunca vayan por caminos que converjan. Es hora de tomar la decisión correcta.

Cuando damos más de lo que recibimos a cambio

El amor, ese ir y venir de emociones, hace que seamos capaces de las locuras más impensables. Cuando de verdad amamos, damos y damos lo mejor de nosotros mientras vamos construyendo esa relación que esperamos perdure para siempre.

El problema sobreviene cuando no recibimos de la persona amada, lo mismo que le hemos dado. Cuando la reciprocidad en el amor no existe, entonces, todo se vuele más difícil.

No alcanza con decir que amamos. Amar se trata también de dar, de ceder, de negociar, de complementarse. Cuando se ama, si los problemas empiezan a ingresar a ese espacio forjado solo para dos, son los dos quienes deben dar el todo por el todo para que cualquier situación pueda solucionarse.

Pero si en cambio, solo tú llevas tiempo empujando la relación para adelante y haciendo magia para resolverlo todo, entonces, ese amor no alcanza.

Aunque te duela pensarlo, sus “te amo”, no han pasado de la sola expresión, pues nunca se materializaron cuando tú necesitaste que así fuera.

Cuando no se construye la relación sobre un cimiento fuerte

Amamos, nos entregamos, lo damos todo, nos parece que nada puede romper esa magia de los primeros instantes. Estamos pendiente de los mensajes, de las llamadas, de los detalles. Hay algo que con el tiempo perdura si se lo trabaja a diario, si el amor es de verdad. Para que esa magia del primer momento se sostenga, ambos deben aportar algo a la relación y eso no es de vez en cuando, es la actitud constante con la que somos capaces de llevar la relación adelante, el interés y el empeño que le ponemos a todo, a los pequeños detalles inclusive. Mantener la llama del amor y de la pasión encendida requiere de un trabajo que se hace todos los días.

Cuando uno de los dos deja de poner de su parte, la cuerda se suelta por el lado más débil y el más sensible. Si él no ha hecho muy bien los deberes, más tarde o más temprano tú lo notarás. Dependerá de ti tomar la decisión correcta, cuando ya te diste cuenta de que de él no hay mucho que esperar. ¿Vale la pena seguir? ¿Puedes amarlo tanto como para dejar de amarte a ti misma, entregando de ti lo que él no te quiere dar? Piensa que ese es el punto en que la relación deja de ser saludable para ti, pasarte la vida esperando sus respuestas cuando no está dispuesto a darlas, no será tu mejor opción. Parte de amarte a ti misma es aprender a valorarte y entender que tú estás en primer lugar. Tú siempre mereces lo mejor.

Si el cimiento no es sólido todo se desmoronará. Es posible que nunca tus caminos y los suyos converjan y sus vidas nunca hayan sintonizado lo suficiente como para darle riendas sueltas al amor y tu estuviste tan enceguecida que no has sido capaz de notarlo. Estás a tiempo de abandonar ese camino y volver a tu propia carrera, esa ya la has perdido de antemano.


Cerrar la página, comenzar de nuevo


No te desesperes. Si crees que apartarte del camino es la decisión correcta, hazlo sin ser dubitativa. Ya lo has pensado, lo has esperado, te has sentido sola y lastimada. Fue suficiente. Cierra esa página y reinicia tu vida.

Comenzar de nuevo, trae a colación un proceso por el que debes atravesar. No será fácil, pero debes hacerlo, pasar por el tamiz del duelo y de sus bemoles tomará tiempo.

Date la libertad absoluta de sacarte todo el dolor que tienes adentro: llora, desahógate, habla de ello con las personas que te aman. Las amigas son muy buenas en esto. Busca alguna actividad que te guste, haz algún proyecto que pueda mantener tu mente ocupada. Tomará tiempo, pero no demasiado como para pensar en que no podrás salir de allí.

Ten presente que no es precisamente que se sufra por amor, en realidad sufrimos cuando hemos puesto nuestro amor en la persona equivocada. Todo pasará, después de cada tornado siempre vuelve la calma. Las aguas mansas siempre recuperan sus costas.

Piensa en lo que te ha enseñado esa relación fallida. Siempre en el fondo de todo, algo te llevas: los momentos bellos que nunca borrarás y una lección que te acompañará toda la vida. A veces el dolor nos hace madurar, los golpes nos enseñan a ver el mundo con otra óptica que jamás pensamos que tendríamos. Es por ello que las personas cambian, pues el tiempo y las experiencias de la vida nos hacen crecer, madurar, comprender, nos enseñan a vivir.

Por último, para volver a empezar, suelta aquello que te dolió. El rencor solo te quitará el sueño.