Así te recuerdo PAPÁ, un beso hasta el cielo….

Dicen que ser padre no solo implica ser progenitor, ni termina todo en la tarea de acompañar a la madre durante este proceso. La única profesión que otorga el título y el puesto de trabajo antes de que la carrera empiece y menos, antes de concluirla. También implica dejar de lado la persona que se es hasta ese momento, pues hay que educar con el propio ejemplo, dejar los orgullos personales, los egoísmos, aprender a abrir el corazón sin temores, atender dónde se pone el pie al caminar, pues los hijos caminarán sobre esa huella. Entender que se debe amar, que la responsabilidad nunca termina. En este canje en que amor y respeto mutuo se es padre en la práctica diaria, nunca antes.

¿En qué vivencias nos basamos los hijos cuando buscamos ser padres? ¿De qué ejemplos nos acordamos en el camino largo de la vida? De las vivencias de nuestros padres, de la experiencia de haber aprendido de ellos y con ellos. Yo he tenido un padre excepcional. Es probable que de buenas a primeras todos los hijos opinemos los mismo. Pero recordarlo, me permite poner de relieve aquellos valores que aprendí y que no deben estar ausentes en ningún ser humano.

Fue él de quien aprendí a tener confianza en mí misma, pues él creía en mí y eso ha sido suficiente. La fuerza para salir adelante y arremeter con las piedras del camino me las ha dado él, no solo por su capacidad de enseñarme a confiar en lo que soy y en lo que quiero, sino porque su manera de luchar para salir adelante en la vida, ha sido mi mejor ejemplo.

Con la meta fijada en el bienestar de sus seres amados, no necesitó nada más que sentirnos cerca para continuar el camino.

El tenía la sabiduría de los antiguos ancestros con esa suerte de percepción del futuro casi premonitoria, sabía encontrar a vista de pájaro lo que había detrás del horizonte. Una capacidad desconocida para percibir de qué estaba hecho el mundo que esperaba de las puertas de la casa para afuera. Nada lo amilanaba. Siempre para adelante.

Aprendí de él, que la vida no siempre te ofrece su mejor rostro, que, así como hay días bellos, hay tormentas y noches grises, pero nunca hay que dejarse arrastrar por la corriente. Sin importar lo que pase, seguir es la cuestión. Si algo salió mal, hay que replantear la estrategia, si no funciona, volver a empezar y cambiar de dirección puede ser la mejor opción. No son cosas que me haya enseñado con palabras sueltas, he aprendido de los reveses que él atravesó en su propia vida y lo vi caer y levantarse muchas veces. No importa que la vida te pague las apuestas devaluadas, algún día obtendrás la moneda de cambio que mereces.


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