Aprendiendo a vivir sola, pero no solitaria

Hay muchas situaciones por las que una mujer puede vivir sola.

La primera es por una elección personal, anteponiendo su vida y sus logros personales a la opción de compartir en pareja o simplemente porque lo considera lo más adecuado para ella. En estos casos, al ser una decisión tomada consciente y racionalmente, los conflictos derivados no son de mayor cuantía y se limitan a las complicaciones propias del hecho.

Pero otra es la situación cuando no se da por una elección, sino por un evento en el que no participó la mujer: el fin de una relación o que no se haya logrado la pareja para compartir la vida, son dos de ellas, además de la muerte del cónyugue.

En estos casos, cuando la situación no es buscada, pueden darse situaciones que afecten emocionalmente a la mujer.

Distinción

Sea cual sea la razón por la que mujer viva sin nadie a su lado, hay mucha diferencia entre estar sola y sentirse sola.

Quizás hayas escuchado a alguna persona decir “no podría vivir sin Fulano”. En realidad esta frase dice bastante más que aquello que dice: también significa “no podría vivir conmigo” y esto es lo preocupante de estas palabras.

Conocerás a muchas personas que viven solas, pero que tienen una especie de compulsión a rodearse de gente en todo momento, como si tuvieran pavor de quedarse un minuto sin nadie al lado. En estos momentos es que se trasluce un verdadero pánico a la soledad.

No es fácil vivir sola y puede tener momentos duros, especialmente al principio, pero puede ser una especial oportunidad para autoconocerse y desarrollarse como persona.

Estas son algunas estrategias que te servirán para enfrentar esos momentos.

1. Acostúmbrate poco a poco. En los primeros tiempos te causará incomodidad, querrás hablar con alguien por teléfono, ir al supermercado solo para ver gente. Hazte un plan gradual, comienza con media hora de estar a solas. Practica una actividad que te divierta: escribe, lee, estudia, pinta o dibuja. Aumenta esos momentos de estar contigo a 45 minutos y luego a una hora: progresivamente verás que no los considerarás momentos de terror, sino que le sacarás provecho y los disfrutarás. En algún momento verás que fuiste capaz de estar sola un sábado, un domingo o un viernes a la noche, sin que sea un tormento: habrás estado sola, pero no solitaria porque aprendiste a disfrutar de tu propia compañía.

2. Arréglate el cabello, ponte el color que tanto querías pero habías evitado porque a él quizás no le gustara. Esta es una de las ventajas de estar sola: no tienes que rendirle cuentas a nadie.

3. En los primeros tiempos es normal que sientas malhumor y el estar sin hacer nada puede empeorar esta sensación. Continúa con tus actividades y si te es posible, aprovecha para comenzar alguna que sea de tu especial interés. Y si puedes aprovechar para hacer un viaje, hazlo: te servirá para ver las cosas desde una perspectiva diferente.

4. Cuando estás sola, no dejes de ir a cenar, al cine o de paseo. Recuerda: nada está restringido, solo te rindes cuentas a ti. No pongas como excusa “estoy sola” para no salir, más bien debes decir “voy a salir porque estoy sola”.

5. Una mascota puede aliviar la soledad, ya que llenan nuestra necesidad natural de tocar algo, tener compañía y controlar el estrés. Además te obliga a tener una responsabilidad y si es un perro, te ayudará a tener actividad física al pasearlo. Por supuesto, considera tu estilo de vida al elegir tu compañía: si estás fuera de tu casa todo el día, quizá un perro no sea la mejor opción: un gato o una iguana pueden ser una mejor opción.

6. Levántate y vístete bien todos los días, aunque no pienses ir a ninguna lugar en especial. Incluso un esfuerzo mínimo puede marcar la diferencia a la hora de combatir la soledad. Aunque puede ser atractivo quedarse en pijama todo el día y esto se vuelve repetitivo, puede llevar finalmente a un aislamiento.


7. Si decides vivir en soledad, debes aprender a manejarte sin depender de nadie. Comprar la comida hecha todos los días es antieconómico y hay grandes posibilidades que no sea saludable, así que debes aprender a cocinar. Lo mismo con las pequeñas enfermedades: ten siempre un botiquín previsto para las emergencias.

8. Haz una rutina que te permita organizarte. Por ejemplo, programa días y horas para realizar la limpieza. Resulta fácil dejar pasar las cosas cuando se vive sola, ya sea porque nadie verá tu desorden o porque no tienes una pareja con la cual dividir las tareas. Sin embargo, un lugar desordenado y desaseado puede ser nocivo para tu salud y ocasionar daños, que a la larga pueden ser costosos de reparar. El desorden también afecta el bienestar mental: es una fuente de estrés y puede acentuar los efectos de la depresión y la tristeza e incluso se vincula con un aumento de peso. Mantener la limpieza te ayudará a estar feliz.

9. Haz que el lugar donde vives refleje tu personalidad. Pinta las paredes o las puertas de tu color preferido y cuelga las fotos que te hacen sentir cómoda.

Organízate para hacer pequeñas cosas en la semana para que no se acumulen.

Al vivir sola, algunos días son grandiosos, pero otros no tanto… y esto es igual a cuando vives en pareja. Aprovecha este momento de tu vida, date espacio y tiempo para averiguar lo que te hace una persona única y desarrollar tus potencialidades. Sé un poco egoísta, piensa en ti, cultiva tu autonomía, piensa en tu aquí y ahora, pero también en tus proyectos de futuro, hazte un plan para alcanzarlos, ya que eres totalmente libre para alcanzarlos.

Aunque la soledad puede llevar a la depresión o el estrés, no todo es negativo, también tiene sus ventajas y está en ti optar por uno u otro camino.

Cuando tengas una relación nuevamente, tendrás más posibilidades de que esta sea positiva, ya que serás feliz contigo misma y sabrás exactamente qué ofrecer y qué esperar.


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