Androfobia, el miedo exagerado a los hombres

Uno de los sentimientos más difíciles de reconocer y de manejar es el miedo, es una emoción que nos embarga todo, el cuerpo, la mente, la razón, puede llegar a paralizarnos y a dejarnos en un estado de completa indefensión ante lo que nos ocurre.

Las mujeres que sufren de androfobia, es decir, fobia a los hombres, evitan cualquier situación que le provoque el malestar. Son creativas tratando de encontrar pretextos que resultan creíbles, pero que lentamente las van alejando de reuniones sociales, citas y encuentros que pudieran implicar algún contacto con el sexo masculino.

Las mujeres que padecen este trastorno se encuentran en todas las edades, desde los 18 hasta los 40 años, y se caracterizan por tener una personalidad obsesiva y ansiosa, así como una percepción negativa de ellas mismas.

Frente a esta percepción, sienten que no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar las situaciones estresantes y se excusan de cualquier reunión o encuentro con frases como: “no tengo tiempo para una relación”, “todos los hombres son iguales”, “me interesa desarrollarme profesionalmente”, “nunca me han gustado las citas”, “estoy mejor sola”, etc. Al principio, estos argumentos pueden resultar creíbles e incluso ciertos, pero con el paso del tiempo pierden credibilidad y les impiden cambiar de actitud.

La realidad es que estas mujeres sí quieren tener una relación, quieren sentirse queridas, necesitadas, quieren compañía; pero al no saber manejar su miedo, tiene síntomas como ansiedad, angustia, depresión, taquicardia, sudoración, etc., lo cual solo reafirma la idea de que el problema son los hombres.

Existen muchos niveles en este trastorno, así como diferentes causas para su aparición, entre las más comunes se encuentran:

· Vínculo negativo con el padre o figura paterna ausente. De aquí la idea de que todos los hombres son malos y no comprometidos.

· Malas experiencias de pareja. Por ejemplo, rupturas traumáticas no trabajadas.

· Violencia en los padres como pareja. Ya sea emocional o física.

· Abuso sexual. En la infancia, adolescencia o inclusive con una pareja adulta.

Existen tratamientos para la androfobia, tales como la psicoterapia cognitiva – conductual y la programación neurolingüística, los cuales trabajan directamente con la manera en que se interpretan las situaciones vividas y que influyen nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar. Estos tratamientos se concentran en que el paciente aprenda técnicas específicas para detectar y modificar las creencias irracionales, los pensamientos automáticos que limitan tu vida.

Para comenzar a quitarte el miedo a los hombres intenta recordar una situación concreta donde te sentiste amada, donde actuaste con libertad y fuiste correspondida, incluso aunque no haya durado mucho tiempo, aunque haya sido tu primer amor. Lo importante es que detectes qué sentías en ese momento. Después recuerda tu peor historia de amor, ¿qué fue lo que más te dolió?, ¿cómo reaccionarías hoy si te pasara lo mismo? La idea de este ejercicio es terminar con tu ansiedad, dándote cuenta de que sí eres capaz de estar con alguien que te valore y te cuide, de poderte plantear objetivos claros cuando tengas que salir en una cita, en lograr pensar cómo sería tu vida si te dieras la oportunidad de conocer a alguien y mostrarte vulnerable.

Es importante saber que, a pesar de todo lo que haya pasado, siempre se puede reconstruir la autoconfianza. A continuación te brindamos 5 claves a tomar en cuenta:

1. Crea nuevos hábitos que te permitan conectarte contigo misma. Escribe al final del día todas las cosas que afectaron tu día y las emociones negativas que sentiste. Toma ese papel y tíralo a la basura. Por el contrario, escribe en otra hoja algo que te haya salido bien en el día y los recursos que tuviste para desarrollarlo. Este ejercicio te permitirá descubrir tu potencial.

2. Desactiva los hábitos tóxicos. Tal vez te hablas a ti misma con palabras despectivas y lo haces de una manera tan natural que no te das cuenta que dañas tu autoestima y tu auto confianza. Intenta pensar cada palabra que dices y cómo te hablas.

3. Recuerda tus capacidades. Tal vez en este momento sientes que no eres capaz de enfrentar tu miedo, pero piensa en tu pasado y visualiza un momento donde te veas a ti misma resolviendo una situación difícil. ¿Qué te hizo salir adelante en ese momento? Esas capacidades siguen dentro de ti, solo debes darte el tiempo de recuperarlas.

4. Aprende a comunicarte de manera asertiva. Comparte tus sentimientos y preocupaciones, pon límites y aprende a decir que no. Conéctate con tus emociones y transmítelas a la otra persona.

5. Intenta convertir los pensamientos negativos. Durante el día se cruzan muchas ideas negativas en tu cabeza, las cuales crecen entre más poder les das y eso solo hace que se fortalezcan tus creencias disfuncionales. Confronta lo negativo con experiencias positivas donde fuiste capaz de resolver lo que estabas viviendo.

Es probable que muchas mujeres se hayan dado por vencidas y piensen que tener miedo a la intimidad emocional es algo natural, o es algo que el destino les mandó, y se sienten atrapadas y terminan por adaptarse a la situación, en lugar de tomar las riendas y tratar de corregir el rumbo. El miedo a la intimidad implica creer que, si dejas que el otro te conozca tal y como eres, tal vez ya no te quiera, te rechace y te abandone, lo cual les deja una sensación de vacío, de soledad y de cero compromiso; por lo cual ni siquiera toman el riesgo de intentarlo.

Otro de los temores más recurrentes es el miedo a perderse en el otro, a dejar sus propios sueños y proyectos, por cumplir los de la pareja, y llegan a la conclusión de que “¿para qué volver a sufrir si ya sé cómo terminará la historia?”

El mejor antídoto para el miedo es el fortalecimiento de tu auto imagen, de tu auto estima y del reconocimiento de tus capacidades personales para poder lograr lo que deseas.

Amarte a ti misma es lo más saludable y liberador que puedes hacer para conseguir hacerle frente a todos tus miedos. Siempre está en tus manos elegir hacerte cargo de tus pensamientos, de tus emociones y de armar el camino que te llevará a encontrar tu fortaleza interna.


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