Analfabetismo emocional: la importancia de entregar el alma.

Nos dedicamos a trabajar por la consecución de nuestros objetivos, nos marcamos metas a las cuales deseamos llegar. Podemos, en este afán, llegar a ser destacados profesionales, pero, sin embargo, no hemos sido capaces de procesar nuestras emociones. Muchas veces la vorágine de la vida que elegimos vivir nos supera, nos envuelve, mientras el tiempo nos devora, pero nuestra madurez emocional no ha superado las mismas etapas. Aunque la vida siga y crezcamos con ella profesionalmente, nuestra madurez emocional pudo no haberse desarrollado al unísono, es incongruente con la persona que intentamos construir. Nos comportamos con actitudes adolescente que hacen aflorar aquello que no hemos aprendido a procesar. ¿Cómo resolvemos esta encrucijada?

Conocemos a fondo, cómo cuidar nuestro cuerpo: las horas de sueño, la alimentación saludable, pero de las necesidades de nuestra mente no nos ocupamos nunca. No es algo que sintamos que tenga relevancia, sin embargo, es en nuestra vida uno de los ejes preponderantes que terminarán afectándonos en nuestra salud física y también en nuestra vida profesional.

El descuido de nuestra salud emocional es cada vez más frecuente, pues no se trata de estudios de complejidad para saber que no estamos pudiendo desarrollarnos emocionalmente, basta con detener la marcha y analizar en dónde estamos parados y revisar nuestra capacidad de sentir la vida, eso que nos permite resolver problemas con madurez, aprender a aceptar con entereza lo que nos toca vivir, asumir los cambios y ser capaces de resurgir de entre lascenizas cuantas veces sea necesario. El arte de manejar nuestro estado de ánimo.

¿Qué entendemos por analfabetismo emocional?

Quizás llamarlo de este modo suene algo complejo, pero si lo pensamos con claridad, entendemos a este analfabetismo como aquella ausencia de los factores que apuntalan una aceptación plena de quienes somos, con valores de autoestima y capacidad para resolver crisis.

Hoy por hoy, nos encontramos frente a un contexto en el que se habla mucho de la inteligencia emocional que deben tener las personas que son líderes dentro del contexto de una organización. En este sentido, estamos hablando de personas que tienen la capacidad de manejar equipos, de generar confianza y de trabajar en momentos de crisis para la resolución de los problemas que se pudiesen presentar.


¿Cuáles son las características del analfabetismo emocional?

El analfabeto emocional tiene serias dificultades para controlar sus emociones.

Su capacidad de comprensión y apertura hacia los demás es mínima. No es precisamente una persona abierta y comprensiva, más bien se muestra caprichosa e incapaz de entender razones.

Su umbral de frustración es demasiado estrecho. Son personas que sufren de una ausencia total de control sobre sus reacciones ante el problema más leve. No se sienten con la capacidad de resolver crisis, pues se ahogan en un vaso de agua haciendo de un grano de arena una tormenta.

Esta deficiencia de la que padecen, los vuelve personas sumamente egocéntricas, incapaces de manejar situaciones de riesgo ni de comprender a los demás.

Sufren de una incapacidad de entablar relaciones naturalmente. Carecen de cierto grado de sensibilidad para ello, pues pueden mantener relaciones basadas en el interés personal, pero no son capaces de ir más allá.

Por todo esto, los resultados que arrojan una personalidad con esta carencia emocional, conllevan a extremos como el racismo, pensamientos polarizados, narcisismo y una obsesión por tener la verdad absoluta.

Por otra parte, cabe hacer hincapié en algo que nos da un dato bastante relevante que deberíamos poner sobre relieve: toda esta falta de capacidad de resolver situaciones ante una inexistente inteligencia emocional, a lo que damos en llamar analfabetismo emocional, entre los enojos innecesarios, reacciones adversas, ira, tristeza, angustia, miedo, frustración, todo esto es un espiral que desemboca, indefectiblemente en las enfermedades mentales.

En esta mala capacidad de administrar las emociones, la ansiedad crónica y la depresión son características en personas que la padecen.

La cuenta pendiente: la educación en inteligencia emocional

Es una habilidad que nos ayudará a mantener nuestra calidad de vida en un nivel aceptable con el cual seremos capaces de alcanzar lo que nos proponemos aun teniendo que sortear dificultades. Lograrlo implicará, finalmente, ir encontrando lo que siempre buscamos a lo largo de nuestra vida, ese camino hacia la felicidad, la elaboración de esa paz interior que nos conduce a esa estabilidad emocional.

La alfabetización emocional consiste en desarrollar capacidades para saber administrar las emociones en el momento indicado y en la justa medida. Si bien es cierto que humanamente hablando no es fácil dominar las emociones o saberlas manejar, de lo que se trata es de que sepamos darle el debido espacio a las angustias, cuando tengan que suceder, a las alegrías cuando tengan que darse. Aprender a darle naturalmente el espacio y el lugar oportuno a las emociones sin guardarlas ni arrastrarlas es encaminarnos hacia una inteligencia emocional.

Cada emoción tiene un sentido y un valor en nuestra vida. Así los duelos sentimentales no hay que pasarlos por alto, hay que darse la oportunidad de vivirlos en el tiempo y el espacio debidos para luego acomodar la vida.


De manera que el peor de los consejos sería que huyamos de nuestras emociones. Nos volverán personas duras con problemas afectivos. Las emociones están para decirnos cosas, para contarnos algo de esa persona que somos. Ni reprimirlas ni entregarnos a los mares del dolor serán la solución. Se trata de aprender de ellas para seguir caminando en el ajetreo de la vida.


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