Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano.

Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano e incluyen esta regla dentro de las rutinas para que el sueño de los menores sea relajado y placentero.

En eres mamá te argumentamos nuestra afirmación.

La historia sin fin del niño que no quiere dormir


Cuando son las 8 de la noche y nuestro hijo no quiere dormir, algunas madres dejamos que juegue otro ratito.

Llegan las 9 y a esa hora ya el pequeño debería estar en la cama, pero como tenemos muchas tareas domésticas que realizar dejamos que siga haciendo de las suyas otro poco.

¡Cuidado, no dejes que se altere mucho!

¡Cuidado, no le hagas reír demasiado porque después va a sentirse muy agitado!

Al teléfono, las abuelas dan este tipo de consejos.

Entonces las madres procuramos darle al niño actividades más serenas.

Le buscamos unos colores para que pinte, algunas plastilinas para que moldee bolitas…, en fin, cualquier ejercicio que no implique mucho alboroto y el cual también nos deje libres para los quehaceres domésticos.

Llegan las 10 de la noche y el niño debería estar “roncando”, pero a esa hora acabamos de terminar con la ropa lavada y queremos unos minutos para darnos una ducha y estar totalmente listas para él.

Entonces postergamos su sueño y seguimos siendo permisibles.


A las 10:30 ya es hora de ir a la cama. Es un poco tarde para él, pero seguro eso va a traducirse en un mejor descanso.

¡Error!

Esa noche el niño se queda hasta las 11 y las 12 retozando en la cuna y sin querer pegar ojo.

Necesita tomar agua, beber su biberón, que le busquemos este u otro muñeco, ir a hacer pis, volver a tomar agua…, a medida que complacemos sus deseos la lista se vuelve más y más larga.

Y allí estamos nosotras hasta las tantas de la noche y como sumisas vasallas accediendo a sus caprichos.

Por fin, a las 12:30 el niño cae rendido ¡Y a dormir hasta el otro día!

¡Otro error!


Esa madrugada nuestro pequeño despierta 5, 6, o 7 veces para que lo acunemos y volvamos a dormir.

Se sobresalta igual que si alguien lo llamara con insistencia y no dejara que volviera a conciliar el sueño.

Por eso cuando creemos que está profundamente dormido lo vemos voltearse una y otra vez, brincar y despertarse nuevamente.

Tal pareciera como si nuestro hijo no estuviera cansado y se hubiera tomado 4 o 5 tazas de café para estar en pleno desvelo.

Por eso, al día siguiente, cuando es hora de ir para la guardería, no quiere despertarse.

Nuestro hijo y nosotras mismas nos levantamos con deseos de volvernos a acostar.

Él se mantendrá somnoliento el día entero y nosotras sumamente estresadas y sin poder rendir en el trabajo.

Las mamás más felices acuestan a sus hijos temprano

Te recalcamos que las mamás más felices, las más descansadas, acuestan a sus hijos temprano.

Ten presente que el descanso temprano del niño se convierte en:


• Horas libres para dedicar a ti y a tu pareja. Al fin y al cabo tu felicidad y bienestar también depende de eso.
• Menos tensión a la hora de hacer las tareas domésticas que sueles hacer por las noches. No tienes que fregar, lavar, sacudir o hacer cualquier otro deber con la preocupación de ir constantemente a ver qué está “inventando” tu niño en la habitación contigua.
• Relajación, sueño profundo y placentero. Tu hijo contará con las horas necesarias para su descanso y tanto su cuerpo como su cerebro tendrán la oportunidad de reponer sus energías para el día siguiente.
• No tener que sentirte obligada a franquear el límite de la permisibilidad. No será tu hijo quien imponga su voluntad cada vez que te diga que no desea irse a dormir. Si lo acostumbras a acostarse temprano no estarás sometida a soportar sus pataletas cuando no quiere irse a la cama y ceder a su capricho. Recuerda que esa no es la educación disciplinada que deseas darle
• El disfrute del reposo y el sueño rejuvenecedor que tanto necesitas.
• Tranquilidad para el resto de la familia. Si convives con otros miembros en casa todos tendrán la oportunidad de reunirse y compartir los temas familiares que no deben hablarse en presencia del niño.

Mamá, para que historias como la anterior no ocurran debes, ante todo, establecer una rutina para el sueño y seguirla cada noche.

Si tu hijo juega dile que eso va a ser hasta una hora determinada y cuando el reloj indique que el tiempo se ha terminado hay que irse a descansar aunque quiera seguir jugando.

Persuádelo con una canción, un cuento, un ratito en la cama de mamá y papá… seguro conoces sus gustos.

Nunca olvides lo importante que es el sueño para él y el descanso para la buena madre que eres.


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