6 consejos para mejorar tus relaciones de familia.

La familia es el principal círculo social que una persona puede tener, porque de ahí obtiene amor, cariño y comprensión, se sienten parte de un grupo y encuentran contención para los malos momentos de la vida. Como se vuelve la relación más importante que tenemos, también es la más complicada de sobrellevar de buena manera.

Es por eso que es indispensable realizar actividades que fomenten la buena convivencia familiar y lograr un sano desarrollo emocional y cognitivo, pues la relación con nuestros padres y hermanos fortalece nuestros vínculos afectivos y mejora la autoestima de todos los miembros de la familia.

Es necesario reconocer qué clase de vínculo existe entre los miembros de tu familia. Hoy existe mucho desapego en las familias, es decir, donde ninguno de sus miembros le afecta lo que hace el otro ni tienen interés en los demás, además que las diferencias entre generaciones son tales que no hay cordialidad entre todos, y los papás creen que los hijos deben sufrir lo mismo que ellos para hacerse personas fuertes. Por más diferencias que haya, nada es imposible de arreglar, solo basta que uno de los miembros se atreva a romper esas ataduras.

Interesarse por lo que hace cada miembro de la familia brinda la posibilidad de sentirse protegido, siempre recordando que todos merecen respeto, aunque sus puntos de vista sean diferentes a los tuyos. Algunos consejos que puedes tener en cuenta para mejorar tus relaciones familiares son:

Haz lo posible por entender los motivos de los demás. Lo más fácil es estallar en contra de nuestros padres, nuestros hermanos, tíos y abuelos si conviven con nosotros, y decirles que son entrometidos, chismosos e insensibles e injustos contigo, sin nunca preguntarte ¿por qué actúan de esa manera?, ¿cuáles son sus razones para actuar así? La idea de que nuestra familia quiere arruinarnos la vida debería ser exclusiva de los adolescentes, para lograr ser adultos maduros capaces de entender que cada cabeza es un mundo y que cada persona tiene su manera particular de expresar su amor y sus preocupaciones.


Aprende a guardar silencio. En la familia siempre habrá roces, discusiones, eventos que requieren comprensión, para no volver cualquier enfrentamiento en una batalla campal donde necesariamente alguien tenga toda la razón. Gritar nuestras razones no garantiza que los demás van a entender nuestra posición y menos que cambien de parecer, solo habla de nosotros mismos, de nuestra madurez emocional y de nuestra capacidad de lidiar con la frustración. Siempre aplica la frase ‘Si lo que tienes que decir no es mejor que el silencio, no digas nada’.
Aprende a escuchar. La hostilidad en nuestras relaciones familiares se debe a que necesitamos atención por parte de nuestros seres queridos y no sabemos escuchar a los que están a nuestro alrededor. Tal vez lo único que nuestros padres, hermanos o abuelos quieren de nosotros sea un poco de tiempo para compartir con nosotros lo que piensan, lo que sienten, lo que les angustia. La peor soledad es sentirse abandonado estando rodeado de gente. Trata de ver el fondo de las cosas, de ver más allá de lo que es visible.


No hace falta ser desagradable para estar en desacuerdo. Somos personas diferentes, por lo tanto, no podemos esperar estar de acuerdo todo el tiempo, de hecho, es mayor el número de desacuerdos que se presentan, que las opiniones que tenemos en común. Cada uno de nosotros somos libres de construir nuestro esquema de valores a medida que vamos creciendo o de quedarnos con la misma visión por el resto de nuestros días. Lo importante es aprender a exponer tu punto de vista de manera asertiva, sin ofender a los demás y sin querer cambiar su manera de pensar. Somos responsables del modo en que decidimos comportarnos y la conducta de los demás no debe ser una excusa para mostrarse ofensivo e hiriente con malas intenciones.

Elige tus batallas. Siempre existirán temas de conversación que con el tiempo se convierten en un hábito, en una costumbre de las reuniones familiares que se vuelven rituales, que nadie está dispuesto a cambiar. Si estos temas resultan prejuiciosos o representan una ofensa para tu estilo de vida y eres consciente de que tu familia no cambiará esa visión, es momento de llenarte de sabiduría y retirarte a tiempo, eligiendo las batallas que valgan la pena y no tengas que soportar disputas enfermizas que no llegan a ningún lado.
Nunca olvides el valor de la gratitud. Tal vez tu familia no encaje en el modelo ideal que la televisión quiso venderte, por lo que deberás aprender a apreciar lo que sí tienes, a reconocer las virtudes de cada uno de los miembros que la conforman y a mostrar gratitud por lo que sí te dieron.
Recuérdale cada día a tus padres, a tus hermanos, a tus abuelos y a tus hijos si los tienes, lo mucho que valen para tu vida, lo importante que son para tu desarrollo y lo mucho que los quieres. Si nunca lo has hecho, es momento de que empieces a usar esas palabras.

Ayudarse los unos a los otros fomenta esa buena relación que buscan todas las familias. Esta relación también se fortalece tratando de comer juntos, viendo películas, participando en las labores del hogar, realizando juegos familiares, haciendo ejercicio y practicando deportes en familia.

Todos sabemos que la familia puede ser, al mismo tiempo, el mayor de los alivios y la fuente de estrés más sustanciosa de la vida cotidiana. La convivencia nunca es sencilla, pero se torna complicado lidiar en ocasiones con los puntos de vista de nuestros familiares, en especial cuando predominan personalidades autoritarias o cuando nuestros padres o hermanos no muestran especial sintonía con nuestras aspiraciones personales y forma de ver el mundo.

Intenta aplicar los consejos a consciencia y verás como el ambiente de tu casa se volverá menos tenso y te resultará más sencillo pasar tiempo de calidad en familia.


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