5 mitos más comunes sobre la depresión

El ajetreo de diario, ese ritmo acelerado en que vivimos: constantes cambios, el trabajo, las preocupaciones, el tiempo, la economía, la casa, la familia, todos son factores detonantes de un sinfín de enfermedades estrechamente vinculadas con el estrés, pero también con la depresión. En un mundo globalizado donde somos exigidos permanentemente, las frustraciones son numerosas y el resultado de esa mala combinación: la depresión, no se hace esperar.

Todos podemos sentirnos con la autoestima baja por algunos momentos, pero ingresar al túnel de la depresión está tan solo a un paso y es algo que no es fácil de detectar, pues no se le toma enserio a la persona deprimida, hasta que su estado cobre una alta gravedad. No hay que despreciar las señales de alerta.

El especialista Alan Barrell, miembro de la Sociedad Mexicana de Neuropsiquiatría, explica que la depresión, con todo lo que ello implica: el desgano, la pérdida del interés y todos los desórdenes derivados de esta condición que afecta a la salud en diferentes esferas; comienza por impedir la realización de las tareas y labores de forma normal y es acompañada de una serie de afecciones graves.

Actuar a tiempo

Un dato realmente preocupante es que se estima que en el mundo hay unas 350 millones de personas que padecen este mal.

La depresión cuando comienza presenta síntomas que se confunden fácilmente con un mal estado de ánimo. Pero no es como tener un mal día, pues cuando la secuencia se presenta permanentemente y se hace rutina, estamos entonces frente a un grave problema. Cuando la persona que la padece “no quiere salir del pozo”.

Desmitifiquemos las creencias erróneas para poder reconocer la depresión como una enfermedad

1. No es un estado de ánimo pasajero

Como es una enfermedad emocional estrechamente vinculada a síntomas que guardan relación al estado de ánimo, eso es lo primero que se piensa, pero, en realidad se trata de una disfunción de síntomas neuropsicológicos y también físicos que pueden tener una derivación mucho más grave en la salud que la repercusión de un simple mal día en el trabajo o una decepción amorosa.

2. No se trata de algo que revista seriedad

Simplemente por esta falta de información es que la depresión toma al entorno de la persona enferma muy por sorpresa. En definitiva, quien la padece no percibe las señales de alerta, difícilmente, recurra por propia voluntad a un especialista para pedir ayuda. Generalmente lo que sucede es que las señales emitidas por el enfermo son percibidas por el entorno más cercano que es quien debe darse a la tarea de actuar con rapidez antes de que sea demasiado tarde. La depresión, en los casos más extremos, si no es tratada puede tener derivación fatal.

3. Sólo se trata de un estado de tristeza momentánea

Es cierto que la tristeza se hace presente en nuestras vidas, la padecemos y hacemos un duelo por la pérdida de un ser querido, por la ruptura de una relación, todas son válidas fuentes de angustia, pero existe un tiempo, un proceso por el cual atravesamos para superarla y reponernos del dolor. Si no se ha podido soportar este proceso y se extiende más de los debido, se pasa de la angustia a la melancolía constante casi con la negativa de salir del problema y no buscar ayuda, entonces, no es solo una tristeza producto de la circunstancia. El problema ha ido mucho más lejos.

4. No es sintomático en hombres y mujeres por igual

Las mujeres somos más propensas a liberar con facilidad nuestras emociones, tal vez por eso la depresión tienda también a pasar desapercibida, pues para los preconceptos sociales hasta es una situación normal. De alguna manera y en mayor medida, en las mujeres tiende a notarse más la depresión. Sin embargo, no se trata de una enfermedad de la que los hombres se encuentren exentos, no es una enfermedad de género. El problema más grave es que nuestra sociedad, aún conservadora, no acepta que un hombre pueda mostrarse vulnerable, débil. Es mentira que “los hombres no lloran”. Deben llorar, desahogarse tanto como las mujeres. La depresión se hace manifiesta en ellos también y es por esta represión auto convocada que no siempre se detecta a tiempo. Suelen manifestarlo con la agresividad y la intolerancia en muchos casos.

5. No afecta en el quehacer diario

Las mismas personas que padecen de este mal se sienten sin poder avanzar, incapaces de trabajar, de hacer su vida normal y de reflexionar. Es probable que después de una noche de crisis de angustia y llanto se levante al día siguiente y vuelva al trabajo, pero más tarde o más temprano decaerá. No podrá seguir con su vida normal.

 

Siempre será oportuno recurrir a un especialista que ayuda a la persona afectada a salir del pozo depresivo. Poder desmitificar estas afirmaciones erróneas a tiempo permitirá a los enfermos recuperarse. En ello tendrá mucho que ver el entorno que deberá observar con atención los cambios de esta persona y a ayudarla a recurrir al profesional correspondiente.


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