5 cosas por las que nunca tendrías que sentirte culpable

Con cierta frecuencia hacemos algunas cosas y precisamente al instante de haberlas terminado de hacer nos invade una gran culpa, que puede incluso demorar horas o días en irse, y es hasta si se quiere algo que tiene cierta lógica.

Pues sucede que la culpa es ese sentimiento que absolutamente todos hemos experimentado en algún momento, en particular si hicimos algo, lo que sea que fuese, que en su momento queríamos hacer, pero por algún extraño motivo no era lo que se supondría o esperaba que hiciésemos.

Por esta razón a continuación te daremos a conocer cuáles son aquellas cosas por las que nunca tendríamos albergar un sentimiento de culpa.

Cosas por las que nunca tendrías que sentirte culpable

1. La cancelación de un plan porque simplemente no tienes ganas de hacerlo o ir

¿Tus amigos o tu familia organizaron una reunión y tú no tienes de ir? ¿Te atormenta el pensar cómo vas a quedar a quedar, temes que digan cosas negativas de ti? La regla de oro es: Escúchate a ti mismo. Si realmente no sientes deseo de ir, pues no vayas, no se acabará el mundo. Siempre es la mejor posible, mantenerse fiel a uno mismo, es bastante más preferible a que termines sintiéndote incómodo, y con esa voz interna que te zumba: ‘sabía que tenía que quedarme en casa’. Nunca te traiciones solo por mantener la imagen que los demás esperan de ti. Lo que los demás esperan de ti es asunto suyo no tuyo.

2. Consentirte a ti misma

A muchos de nosotros nos han inculcado, casi a fuego, que el hecho de consentirnos con una rica comida, una actividad que simplemente amemos hacer, o algo material nuevo para nuestra casa o nosotros mismos es prácticamente un acto de derroche. Pero, lo cierto es que si te consientes a conciencia y dentro de lo razonable porque realmente sientes que necesitas darte un mimo solo para ti, hazlo, hazlo sin dudar, en la medida de tus posibilidades. Pero ten en cuenta y recuerdo que, si hay algo que te angustia de manera recurrente, debes reconocerlo y trabajar el asunto, no taparlo, y mucho menos pretendas hacerlo consumiendo de manera excesiva y atolondrada. Que el límite sea el del amor propio. Que el hecho de consentirte sea un regalo para ti, y no una mala forma de acallar lo que te molesta.


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