4 reglas básicas para amar sin romper tu corazón en el intento.

​¿Quién dijo que para amar a otro había que anularse y apartar nuestros proyectos de vida?

​En su libro “Los límites del amor: cómo amar sin renunciar a ti mismo”, el psicólogo Walter Riso reflexiona sobre las ideas erróneas que existen cuando de enamorarse se trata, porque estamos educados en una cultura en la que se ha sobrevalorado la entrega absoluta y donde se piensa que la vida en pareja es la principal forma de autorrealización, además de un sentimentalismo sin límites que ha hecho que se ignore el sacrificio personal de esa actitud.

​Es necesario entender que el amor no lo justifica todo, que amar a alguien más no significa renunciar a uno mismo, que existe otra forma de comprender el amor, que es amar sin destruirnos a nosotros mismos y evitar la idealización absoluta. Se puede amar sin ansiedad y sin cuestionarnos nuestros principios que han determinado nuestra vida. Una relación madura es aquella que integra el amor por el otro con el amor por uno mismo, sin que haya un conflicto de intereses.

​Para empezar, es importante aceptar de una vez por todas que el amor no tiene una fácil definición, porque es casi imposible de entender, por mucho que nos esforcemos, trabajemos todos los días y que nuestros sentimientos hayan madurado, el amor es siempre impredecible y volátil.

​Nunca vamos a encontrar el manual para poder a sobrellevarlo ni existe un mapa para no perdernos en la complejidad de las relaciones y entender cómo podremos querer a alguien sin morir de apego en el intento. Es un hecho que no venimos al mundo sabiendo querer al prójimo con una fórmula universal, pero sí existen fundamentos básicos para hacer de las relaciones humanas experiencias más placenteras y sanas.

Estas reglas no son secretas, pero en cuestiones amorosas cuesta bastante trabajo recurrir al sentido común. El amor es un juego en el que se establecen reglas previas, mismas que cada pareja debe elegir, aceptar y seguir desde un principio, pero hay cuatro en particular que toda relación necesita respetar para que las cosas funcionen.

1. El amor se siente, no se imagina. Si alguien en realidad está enamorado de ti, lo vas a sentir, lo vas a notar con su comportamiento, más que con sus mensajes y palabras bonitas. La emoción siempre tiene que estar presente, no tiene que manifestarse como mariposas en el estómago o una alegría desbordante, incluso si tu pareja no es tan afecta a mostrar sus emociones, lo vas a sentir. Si no te demuestran el afecto que crees merecer o tienes dudas sobre si te están valorado, terminarás por buscar un sentimiento imaginario. El amor tiene que ser recíproco.


2. El amor no se obliga. Nadie tiene la responsabilidad de amarte, no puedes ir por la vida obligando a las personas a quererte y mucho menos a demostrarte el amor como tú quieres, no necesitas proyectar tus necesidades en el otro. Todos somos diferentes y cada uno interpreta el cariño de diversas formas. Algo tan puro y natural como el amor no debería forzarse jamás.

3. No puedes amar a los demás si primero no te amas tú. No eres egoísta si no eres tu prioridad, así de simple. El amor también se aprende con el ejemplo. Valórate, quiérete mucho y aprende a diferenciar lo que mereces y lo que no, lo que estás dispuesto a recibir en una relación y lo que estás dispuesto a dar. Debes amarte tanto que no necesites rogarle a nadie que se quede en tu vida, sino que te ganes la admiración y el respeto de tu pareja por ser una persona completa por ti misma.


4. No te aferres a lo que no puede ser. Cuando el amor es verdadero, siempre encontrará la manera de permanecer. Uno de los errores que se cometen con mayor frecuencia es el de entregarnos incondicionalmente, pensando que eso bastará para que la relación funcione. El amor es de alto mantenimiento, pero no se trata de recibir rechazos y vivir discutiendo o suplicando cariño. El tiempo de la vida es lo más valioso que tenemos y debemos saber qué es lo que queremos, cómo nos gustaría pasarlo y al lado de quien.
Es importante reconocer que es la cultura en la que hemos vivido, la que nos ha hecho daño cuando de relaciones amorosas se trata, porque se idealiza el amor hasta convertirlo en el único camino para ser feliz. Esto no tendría nada de malo si realmente se valorara el amor, pero lo que se valora es el apego ansioso y la codependencia.

Revisa cómo has sido educada en este sentido. Si te han dicho o has incorporado a tu lenguaje cotidiano frases como. “El amor verdadero es incondicional”, “Si tengo amor, no necesito nada más”, “El amor lo puede todo”, “El amor verdadero dura para siempre”, tal vez es momento de que analices el impacto emocional que tienen en tu vida y en la manera en cómo te relacionas con tu pareja.

Si alguna vez te has preguntado si el amor que vives con tu pareja te impide crecer como persona y está afectando tu realización, si la atención que le brindas es desproporcionada con la atención que recibes o si estás empezando a sentirte tan perturbada con tu relación que estás dejando de lado tu autoestima y tu amor propio e incluso negociar tu bienestar y dignidad como personas, tal vez es el momento de retirarte de ese lugar. Nunca olvides que, si alguien te quiere en su vida, te hará espacio en ella, no deberías estar luchando por un lugar.


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