10 terribles consecuencias de no recibir cariño en la infancia.

El ser humano solo puede desarrollarse en sociedad y más específicamente, en familia. Es inimaginable pensarnos en absoluta soledad: podremos ser cualquier cosa, pero no humanos en esa circunstancia.

También nos es imprescindible el amor, porque es, en última instancia, esa energía por la que todo se mueve. El ser humano nace para darlo y recibirlo y si esto último no se da adecuadamente en la temprana edad, acarrea muchísimas consecuencias más adelante, afectando el comportamiento en sociedad y la relación con los demás.

Apego

El vínculo emocional que el niño establece con sus padres o cuidadores más cercanos se conoce como apego y es fundamental porque aporta la protección y seguridad imprescindibles para crecer con un adecuado desarrollo psicológico.

Si este vínculo emocional en la infancia fue seguro, basado en la protección y aceptación incondicional, es probable que el desarrollo se establezca con una buena salud emocional, de manera que, más adelante, se puedan establecer relaciones maduras con otras personas.

Por el contrario, si los padres o quienes cumplieron esa función actuaron en forma sobreprotectora, negligente o desorganizada, es posible que en la adultez esa persona presente desequilibrios emocionales, que le dificulten establecer relaciones saludables y positivas con los demás. Por ello, quienes han crecido en una familia disfuncional suelen presentan secuelas en el plano afectivo.

Consecuencias

Los seres humanos podemos desarrollar nuestra humanidad únicamente si hemos recibido el amor de nuestra madre. Nuestra capacidad de altruismo y de “sentir con” los demás, dependen de esa conexión amorosa inicial.

Cuando nace, el ser humano debe recibir la protección y seguridad que únicamente el amor materno puede dar. Esto no ocurre en ocasiones, generando graves consecuencias.

Estas son algunas de ellas.

1- La falta de amor materno puede generar indiferencia hacia el sufrimiento ajeno y apatía en la adultez. Muestran un comportamiento apático, que puede afectar no solo sus relaciones más cercanas, expresando un marcado desinterés hacia los demás y una enorme dificultad para sentir empatía hacia el dolor ajeno.

2- Los niños carentes del amor materno, experimenta una enorme dificultad para expresar sus sentimientos más adelante. Por ello, toman el camino de reprimirlos y en algunos casos, simularlos.

3- Si no se ha recibido amor en las etapas tempranas de la vida, más adelante se busca tapar esa carencia aceptando cualquier tipo de relación. “Algo es mejor que nada”, podría ser el lema de estas personas, que son capaces de involucrarse y admitir abusos con tal de establecer una relación, simplemente porque no saben cómo debe ser una conexión basada en el amor.

4- Una profunda desvalorización y una baja autoestima acompañan normalmente a las personas que no recibieron el amor materno, porque este es el núcleo fundamental de la personalidad futura. Si no se obtuvo ese “amor inicial”, difícilmente lo que venga más adelante pueda ser asimilado adecuadamente, porque se desarrollan sobre la base de un profundo vacío afectivo. Cuando el niño percibió el rechazo en su más tierna infancia, o no se sintió deseado por alguno de sus progenitores o un cuidador importante, pensará que no es digno de ser querido y amado y crecerá con una autoestima muy baja.

5- Muchas personas que no recibieron el amor materno, reaccionan en forma infantil cuando tienen problemas en su adultez. Ante situaciones que generan estrés y tensión, reaccionan como niños, siendo incapaces de dar una respuesta acorde a su edad y mostrando al bebé que ha sido rechazado y abandonado, que se sintió humillado y traicionado.

6- El miedo al fracaso es otra de las características que pueden presentar estas personas que no han sentido en forma adecuada el apego inicial. Se infravalorarán muy frecuentemente y se sentirán incapaces de afrontar cualquier reto, por lo que buscarán en forma persistente la aprobación de los demás. Esto lleva, en ocasiones, a la búsqueda de un perfeccionamiento casi enfermizo, buscando siempre la aprobación y evitando el rechazo, porque siente que si se equivoca será criticado, lo que para él revive ese rechazo primigenio.

7- El niño que se ha sentido rechazado por sus padres, probablemente tienda al aislamiento y adopte una actitud huidiza. Esto es lógico, porque la huida es la reacción más primitiva de una persona que se siente rechazada. Por ello, un niño que sufrió el rechazo suele crear un mundo imaginario, en el que pasa la mayor parte de su tiempo. Es muy probable también que se encuentre mejor jugando solo e inventando historias, como una manera de huir de la realidad. Por ello, quienes se han sentido rechazados en la infancia suelen tener pocos amigos en el colegio y más adelante ocurre lo mismo en su trabajo, porque se sienten más cómodos estando solos.

8- Contradictoriamente y a pesar de buscar ese amor que no han recibido de pequeños, a estas personas les cuesta mucho comprometerse afectivamente, por su tendencia a huir y fundamentalmente por su miedo a volver a ser rechazado. A menudo escapan de una relación cuando alguien les ama, porque se sienten asfixiados. Como no se sienten merecedores del amor, cuando este les llega, no creen en él y pueden llegar incluso a sabotear la relación.

9- La dependencia emocional es otra consecuencia en aquellos que han sentido una carencia de apego en su infancia. Se le dificulta tomar decisiones, porque antes de hacerlo necesita tener la aprobación de otras personas y sentirse apoyado por ellas. Este dependencia lleva, en ocasiones, a un bloque y una paralización permanentes, que le impiden emprender prácticamente cualquier actividad. Esto los hace presas fáciles de los manipuladores, quienes perciben y amplifican esa dependencia, cayendo de esta manera en relaciones tóxicas.

10- Quienes han sufrido el abandono en la infancia, les resulta muy difícil adaptarse a las nuevas situaciones: cambiar de trabajo, mudarse de casa o de ciudad.

Otra característica de estas personas que han sufrido esta carencia emocional en su infancia, pueden dramatizar excesivamente cualquier problema, aunque este sea muy pequeño visto “desde afuera”. Esto se explica porque para estas personas cualquier inconveniente les revive ese desapego inicial, ya que el miedo fundamental de la persona que se ha sentido abandonada en la infancia es a la soledad.


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