10 Mentiras que nos dice nuestro cerebro… ¡No caigas en ellas!

El ser humano avanza día a día en el conocimiento del planeta y del espacio.

Ya es capaz de manipular el ADN y de crear inteligencia artificial.

Sin embargo, hay algo que encierra aún muchos misterios: el cerebro.

Misterios y falacias

Muchas cosas que hacemos resultan inexplicables, pero la ciencia encontró ciertos patrones de conducta que permiten vislumbrar por qué actuamos, en ocasiones, de una manera que parece sin sentido.

La mente resulta un lugar misterioso. Estas son algunas de esas cosas “inexplicables”, que en realidad se basan en premisas falsas, brindadas por nuestro cerebro.

Está comprobado que la audiencia televisiva prefiere por las malas noticias por sobre las buenas y que percibimos con mayor intensidad las malas noticias. La ciencia explica que esto podría ser porque hemos evolucionado para reaccionar rápidamente a las amenazas potenciales. Por otro lado, hay quienes creen que es porque nos sorprenden más, ya que por lo general pensamos que el mundo es más positivo de lo que es en realidad.
Muchas personas creen en los horóscopos (y muchas más lo hacen a escondidas), porque piensan que son precisos en sus predicciones. Esto se debe al efecto Forer, que consiste en un error de validación, por el cual los individuos dan credibilidad a descripciones muy generales de su personalidad y que en realidad pueden aplicarse a cualquier persona, sea del signo zodiacal que sea. De igual manera funcionan las lecturas de tarot y las adivinaciones. Cuanto más positivas sean las descripciones, más se adaptan a la personalidad.
Otro curioso aspecto del funcionamiento de nuestra mente puede ser llamado “el valor del sobreviviente”. Esta falacia consiste en basarse en cosas que sobreviven algún proceso y desde allí hacer una generalización inválida. Por ejemplo, decir “todo tiempo pasado fue mejor” o “la música de los 70/ 80/90 fue la mejor”. En esos casos, el individuo se centra en aquellos sucesos que sobreviven al paso del tiempo, pero dejando de lado las cosas malas. De esa manera, puede afirmar que esa época o moda fue mejor.

Otra vertiente es el tomar casos particulares de “sobrevivientes” para hacer generalizaciones. Por ejemplo, mencionar la historia de Steve Jobs o de Mark Zuckerberg, quienes no terminaron sus estudios, para quitar importancia a una carrera universitaria. Estos dos son sobrevivientes, pero son muchos más los casos no exitosos.

El “efecto ancla” es una tendencia psicológica que nos hace tomar como referencia el primer dato que se nos presenta. Es muy utilizado en marketing: se colocan los artículos más caros en la entrada Y así los otros productos, con precios más bajos parecen muy baratos (aunque revisados objetivamente sigan siendo caros).

La ilusión de control nos hace pensar que podemos influir o ser determinantes en cosas en las que, muy claramente, no es posible. Desde hace muchos años se han realizado diversos experimentos, que demuestran que en eventos al azar los humanos creemos que podemos tener algún control.
Un ejemplo muy claro se da en los casinos: cuando un jugador desea sacar números altos, lanza los dados más fuerte.

La ilusión de transparencia nos hace creer que nuestras emociones son más visibles para los demás, de lo que en realidad son. Un experimento mostró que creemos que nos mostramos más nerviosos al dar un discurso ante una multitud, de lo que realmente estamos. Pensamos que los demás pueden “leer” nuestras expresiones, más de lo que en realidad ven. Por eso, el mentiroso cree que están a punto de descubrirlo.
El efecto de contexto influye en la actitud y en cómo percibimos las cosas. En una imagen, los puntos en el centro son del mismo tamaño, pero parecen distintos. El cerebro siempre toma en cuenta el contexto y el medio ambiente, por eso es extremadamente difícil ser objetivos. Ocurre con el tamaño de las cosas, con los colores, con las formas y con los sonidos. Este efecto también es muy utilizado en marketing: si se mejora el contexto, es más probable que repitas el consumo, asociando el éxito a llevar determinado producto, por ejemplo.

El error sistemático nos hace ver solo lo que queremos ver seleccionamos arbitrariamente, en el todo de la información, solo lo que preferimos ver. Se produce así una desviación sistemática, producida por nosotros.
Puede darse hacia lo negativo o a lo positivo y a veces toma la forma de algunos pensamientos que se vuelven intrusivos y dominan nuestra percepción de las cosas. Por ejemplo, si estamos preocupados por nuestro sobrepeso, no tendremos en cuenta los cumplidos y nos enfocaremos únicamente en los comentarios de los demás sobre nuestros kilos de más ( o escucharemos los comentarios positivos como irónicos).

La “brecha de empatía” es cuando no somos capaces de entender lo que le pasa a la otra persona, porque nosotros estamos pasando por otra situación distinta u opuesta. Básicamente, nuestra capacidad de entender está limitada por nuestra situación personal, es “estado-dependiente”. Por ejemplo, si estás enojado no entiendes lo que es estar calmado; si estás enamorado, no entiendes que alguien no lo esté. También implica que no somos capaces de percibir cómo nuestro comportamiento o valoración de los demás es afectado por nuestros propios sentimientos y situaciones.
Esto lleva a que muy pocas veces sentimos empatía por otras personas cuando no pasamos por las mismas situaciones.

El efecto Dunning-Kruger nos lleva a creer que somos capaces de una actividad determinada, pero luego, al intentar, nos damos cuenta que no era así, porque subestimamos el asunto o sobreestimamos nuestra capacidad.
En este punto, los individuos con escasas habilidades o conocimientos tienen un falso sentimiento de superioridad, teniendo una incapacidad cognitiva para reconocer la propia ineptitud.

Puede suceder también lo contrario: sujetos muy calificados pero que subestiman su habilidad, asumiendo que lo que es fácil para ellos lo es para otros, por la incorrecta valoración de las capacidades de los demás.

La falacia llamada del “francotirador de Texas” lleva a que información que no tiene relación alguna es interpretada, manipulada o maquillada hasta que parezca tener un sentido. El nombre proviene por un tirador texano, quien disparó aleatoriamente varios tiros a un granero y luego pintó una diana centrada en cada uno de los tiros. Así, por ejemplo, muchos ven en las profecías un patrón que se cumple inexorablemente.


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